Radclyffe School, una escuela de secundaria en la localidad de Oldham, al norte de Inglaterra, ostenta un polémico récord. El centro en que estudian 1.500 alumnos de ambos sexos, con edades que van de los 11 a los 16 años, encabeza la lista de colegios británicos con mayor número de cámaras de vigilancia en los lugares más sensibles de las instalaciones. La dirección del centro de secundaria ha colocado un total de 20 cámaras en los lavabos y vestuarios de chicos y chicas.
Estrecha vigilancia 8 Control por videocámara en el ayuntamiento de la ciudad de Edimburgo. REUTERS / DAVID MOIR
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 18 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Otro centro, King Ecgbert School, en la ciudad de Sheffield, tiene cámaras también en todos y cada uno de sus 12 baños. Tan estrecha vigilancia, en nombre de la protección de los alumnos, está siendo adoptada, sin gran polémica, por un número creciente de institutos y liceos británicos.
Servicios y vestuarios
Un reciente estudio realizado por la asociación de defensa de las libertades públicas, Big Brother Watch, muestra que el 90% de las escuelas analizadas en diferentes puntos del país, utilizan cámaras de videovigilancia. Los 2.107 establecimientos escrutados suman un total de 47.806 aparatos en funcionamiento, con casi la mitad instalados en el interior de los edificios. Esas cifras se traducen en la media de una cámara por cada 38 alumnos, aunque hay centros en los que llega a haber un aparato por cada cinco estudiantes. En 200 escuelas, las cámaras están en los servicios y en los vestuarios.
«Hemos descubierto que esta práctica está mucho más extendida y generalizada de lo que pensábamos. Es una situación preocupante y plantea un debate sobre el respeto a la vida privada de los alumnos», señala a este diario Emma Carr, vicepresidenta de Big Brother Watch. Los directores de los centros alegan que solo se filma la entrada y salida de los servicios, pero según la organización, muchos padres no son conscientes de la amplitud del sistema de vigilancia al que son sometidos sus hijos.
Nomas orientativas
El Ministerio del Interior está preparando unas normas a título orientativo, pero son los responsables de cada centro los que tienen la última palabra. «Reclamamos que exista proporcionalidad y transparencia en el uso de los circuitos cerrados de televisión. Hay que explicar por qué se ponen cámaras, dónde se ponen y qué ocurre con las imágenes grabadas», afirma Carr.
El sindicato GMB, entre cuyos miembros hay un buen número de enseñantes, también cuestiona el sistema. «¿Cuántos padres han dado permiso a la dirección escolar para filmar a sus hijos cuando van al baño o a tomar una ducha?» , pregunta la portavoz sindical, Sharon Holder. «¿Qué problemas están tratando de solucionar las escuelas?», añade.
El sistema, según sus defensores, contribuye a luchar contra el gamberrismo, la violencia y la destrucción de mobiliario y material escolar. También ayuda a reducir la entrada de intrusos en los colegios, a combatir robos y a controlar el consumo de tabaco y drogas.
Carr, sin embargo, argumenta que las cámaras son usadas «como un parche a los problemas, pero no los resuelve», y «no hay pruebas de que sirvan para prevenir la delincuencia, sino que, por el contrario, crean un falso sentido de seguridad, que puede resultar peligroso». La instalación de los circuitos de CCTV son además caros y en época de recortes, las escuelas han de considerar cuidadosamente sus prioridades, opina.