«En Bruselas lo deben estar celebrando con un fiestorro». Con lágrimas en los ojos y el rostro demudado, Geert Wilders no pudo evitar una reacción de despecho tras conocer el resultado de las legislativas holandesas. Por primera vez probaba el amargo sabor la derrota. Desde que fundara el xenófobo Partido de la Libertad (PVV), en el 2004, este político de 49 años conocido por su oxigenada melena no había dejado de contar con el favor de las urnas. Pero el miércoles se acabó el idilio con los electores, que han sancionado duramente su discurso eurófobo.
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 14 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Wilders ha perdido nueve escaños en el Parlamento. Con 15 diputados, deja de ser la tercera fuerza del país -empata con la izquierda radical y euroescéptica del Partido Socialista- y, lo más importante, pierde su estratégica posición de árbitro del hemiciclo. Se equivocó de objetivo. Durante la campaña, el bad boy de la política holandesa dejó de poner el acento en la inmigración y en su cruzada contra el islam para culpar a Bruselas de todos los males. Defendía abandonar Europa y volver al florín. Pero los holandeses no estaban dispuestos a renegar de su historia de fundadores de la UE.
«Los electores nos han dado una buena bofetada, tendremos que sacar las conclusiones», admitió. La debacle ha infligido una cura de humildad al incisivo y autosuficiente Wilders, que empezó su carrera como asistente del líder del Partido por la Libertad y la Democracia de Frits Bolkestein. Su ideología empezó a formarse al finalizar la escuela secundaria, cuando quiso viajar a Australia pero, como no le alcanzaba el dinero, se fue a Israel. Fascinado por este país, intentó entrar en los servicios secretos del Mosad.
Cruzada contra el islam
Descendiente de un colono holandés en Indonesia y de una madre mestiza, Wilders recibió una educación católica. Su caballo de batalla consiste en combatir «la islamización». «No odio a los musulmanes, odio al Islam», sostiene este amante de la provocación, que no duda en comparar el Corán con el Mein Kampf de Hitler. Casado con una diplomática de origen húngaro, ha sufrido varios intentos de asesinato, lo que le obliga a ir siempre protegido. En el 2009 fue perseguido por el Tribunal de Ámsterdam por «incitar al odio y a la discriminación», cargos de los que fue absuelto en el 2011.
En las legislativas del 2010, tras una campaña en favor de prohibir el Corán en Holanda, obtuvo 24 decisivos escaños en el Parlamento. El pasado abril hizo caer al Gobierno al negarse a votar los recortes para cumplir con las exigencias de la UE provocando elecciones anticipadas. Unos comicios en los que decidió convertir a Bruselas en su nueva bestia negra con una agresiva campaña contra los sueldos de los «eurócratas». En la capital belga, más de uno debió brindar con champán.