«Ni Cuba ni Venezuela». «Cristina, sos psicótica y perversa». «El que no salta es negro y K.» La noche del jueves se llenó buena parte de Argentina de frases incendiarias. Los insultos llegaron hasta las inmediaciones de la residencia presidencial, donde la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dormía, o trataba de soñar con aplausos.
Ruido popular 8 Escena de las protestas que sufrió Cristina Kirchner el jueves por la noche en Buenos Aires. AP / NATACHA PISARENKO
Información publicada en la página 15 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 15 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Miles de personas marcharon por las calles de Buenos Aires y los principales centros urbanos del país. «Somos el 46%», gritaron muchos, acompañados de sus cacerolas, para recordar que su triunfo electoral del 10 de octubre de 2011 ya es pasado. Ningún dirigente opositor los convocó. La bronca fue organizada a través de las redes sociales.
El diario La Nación, que está fuertemente enfrentado con el Gobierno, habló de una «primavera libertaria», como si el centro capitalino fuera la plaza de Tahrir, y Kirchner una versión patagónica de Mubarak. Unos protestaron por la ola de asaltos y crímenes. Otros, por la inflación, o para rechazar un hipotético tercer período de Gobierno en el 2015, escenario solo posible si se reforma la Constitución. Las restricciones para la compra de dólares, un hecho derivado de la crisis internacional, ha catalizado la furia de casi todos. Pero lo que más enerva a esa Argentina furiosa es la presidenta. Se sienten tan agredidos por su programa político como por su estilo.
El senador oficialista Aníbal Fernández reconoció la importancia de la manifestación. El jefe de ministros, Juan Manuel Abal Medina, aseguró que la cacerolada careció de «espontaneidad» y consignas claras. Lo que primó fue «mucho, mucho odio». «Era gente de clase media-alta», dijo Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo. El magnate Mauricio Macri, alcalde de la ciudad de Buenos Aires y aspirante a la presidencia por la derecha, no disimuló su júbilo. «¿Cómo no voy a estar contento? Si hubo una movilización masiva, espontánea, pacífica, a favor de la libertad».
Subsidio por hijo
El 46% al que aludieron algunos manifestantes está lejos de ser por ahora una fuerza homogénea. Los sectores acomodados no pueden digerir el populismo. Acaban de poner el grito en el cielo porque el fisco los acaba de obligar a que declaren qué yates o barcos tienen para así pagar los impuestos correspondientes.
Hubo también en las calles gente que se declaró progresista. Y personajes como Natacha Jaitt, una modelo y actriz que al llegar a la plaza de Mayo decidió sacarse la ropa para protestar. «Tenemos que justificar dónde vamos, qué hacemos, lo único que falta es pagarle al fisco cada vez que gateo (ejerzo la prostitución)».
Un día antes de las marchas, la presidenta había anunciado un aumento del 26% de un subsidio estatal que permite a los menos favorecidos mejorar su situación y enviar a sus hijos al colegio. Pero esas medidas son ajenas a aquellos que gritaron «puta, chorra (ladrona) y montonera (exguerrillera)». O «morite, yegua, morite».
En este país no hay lugar para la indiferencia. La revista Noticias muestra hasta dónde llega el rechazo. En la portada se ve a una Cristina a punto de tener un orgasmo. «Cada día se muestra más desenfadada y sensual. Por qué el ejercicio del poder y el contacto con la masa actúan como erotizantes», puede leerse.