Orientarse entre los arcanos de la política china exige mucha atención al detalle. Una simple omisión permite aventurar que la pugna entre tradicionalistas y reformistas se inclina hacia los segundos. Ocurrió la semana pasada: la eterna referencia al «pensamiento de Mao» había desaparecido de dos documentos preparatorios al Congreso.
Unos militares rinden honores ante una imagen de Mao en la ceremonia de la plaza Tianannmen. REUTERS / JASON LEE
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 30 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El detalle es capital porque la liturgia administrativa colocaba al maoísmo entre los pilares ideológicos rectores. También han desaparecido las menciones al pensamiento marxista-leninista. Aguantan en los documentos «la teoría» de Deng Xiaoping, los «tres principios» de Jiang Zemin y el «desarrollo científico» de Hu Jintao.
Es decir, las aportaciones del arquitecto de las reformas y sus continuadores. La supresión del fundador del país supone una revolución dogmática: hace solo nueve años, en el 110 aniversario de su nacimiento, el actual presidente, Hu Jintao, aseguraba que «la bandera del pensamiento de Mao siempre se mantendrá alta, en cualquier momento y circunstancia».
El final del mantra maoísta sugiere que Pekín acometerá las importantes reformas económicas y políticas que el país necesita sin que la mohosa ideología lo impida. Los expertos aseguran que China limitará el poder de las empresas estatales, fomentará la iniciativa privada, aflojará el crédito financiero y tomará otras medidas rotundas.
Los defensores de las esencias ya habían recibido un revés con la defenestración de su máximo representante, Bo Xilai, quien espera ser juzgado por corrupción después de que esta semana le fuera retirada la inmunidad parlamentaria. Sus seguidores ven motivaciones políticas y piden un juicio justo. Bo había institucionalizado la cultura roja en Chongqing, la macrociudad del interior: canciones maoístas en los parques, programas ultranacionalistas en la televisión y mensajes en los móviles con proclamas comunistas.
Pero más allá de la cosmética también consiguió el crecimiento económico fomentando el sector público a costa de perjudicar al privado. El éxito de la fórmula, opuesta a la vigente en Pekín, era un peligro.
Uno de los dos recientes documentos que omitían el pensamiento maoísta era una nota de la agencia de noticias oficial, Xinhua, que anunciaba que el Politburó estudiará el mes próximo la aprobación de una enmienda a la Constitución. No la especificó, pero las enmiendas acostumbran a desvestir a la ley fundacional de los ropajes ideológicos e impulsar las reformas. Una de ellas permitió la entrada de capitalistas en el partido.
Son estos malos tiempos para los maoístas, que en un futuro deberán conformarse con la contemplación del retrato del Gran Timonel en la entrada de la Ciudad Prohibida.
Mientras, desde el Gran Palacio del Pueblo, a cien metros de allí, se acelera la demolición del legado del fundador.