Debía haber sido un viaje para ensalzar su bagaje en política exterior y las cualidades de su liderazgo, pero ha acabado siendo una concatenación de salidas de tono y agravios innecesarios. Tras ofender a sus anfitriones en Londres e insultar a los palestinos en Jerusalén, la tensión que ha generado la gira extranjera en el equipo de Romney estalló ayer en Polonia. «Besadme el culo. Este es un lugar sagrado para los polacos. Mostrar un poco de respeto», dijo uno de sus asesores a la prensa estadounidense que viaja con él, antes de cerrar el exabrupto con un: «Que os den».
El incidente se produjo durante la visita de Romney a la Tumba del Soldado Desconocido en Varsovia. Los reporteros se le acercaron para hacerle unas preguntas y el candidato las ignoró antes de meterse en su coche. «Ha sido inapropiado», dijo más tarde su asesor pidiendo disculpas. Entre la prensa que le acompaña, sin embargo, el malestar es evidente, ya que Romney solo les ha concedido tres preguntas desde que puso el pie en Londres hace hoy una semana.
Quizás porque esta vez no tiene ninguna intención de rectificar, como hizo en la capital británica tras el seísmo diplomático que generaron sus críticas a la organización de los Juegos. En un discurso pronunciado el lunes en Jerusalén durante un evento de recaudación de fondos, Romney quiso alabar los logros del Estado de Israel. Y lo hizo comparando su economía con la de los Territorios Palestinos, una disparidad que atribuyó a «las diferencias culturales» y a «la mano de la providencia».
«Al fijarte en el PIB per cápita de Israel, que es de 21.000 dólares, y el PIB per cápita en los territorios de la Autoridad Palestina, que ronda los 10.000 dólares, te das cuenta de la dramática diferencia que existe en vitalidad económica», aseguró. Los datos que aportó, sin embargo, están muy lejos de la realidad, ya que según el Banco Mundial, la renta per cápita israelí es de 31.000 dólares, frente a los 1.500 de los palestinos. Pero lo que más ofendió en Ramala fue que Romney lo atribuyera a «las diferencias culturales» y que no tuviera en cuenta que los Territorios llevan 45 años bajo ocupación militar y que Israel impone severas restricciones al comercio palestino.
«Son unas declaraciones racistas», dijo el negociador palestino, Saeb Erekat. Este hombre no se da cuenta de que la economía palestina no puede alcanzar su potencial debido a la ocupación israelí». Pese al enfado de la ANP, las declaraciones de Romney, que también reconoció a Jerusalén como capital de Israel en contra de la posición de EEUU y de la comunidad internacional, tienen visos de resonar con fuerza entre parte del electorado judío y, el más numeroso, electorado evangélico. Y al fin y al cabo, eso es lo que pretendía Romney con su visita a Jerusalén.