La clase media en Estados Unidos es algo más que un caladero de votos o el pilar que vertebra al país. Es de algún modo el ideal del sueño americano, la constatación de que si uno trabaja y se esfuerza con honradez tendrá derecho a satisfacer con ciertas garantías esa «búsqueda de la felicidad» de la Declaración de Independencia. Pero esas fotos sepia de familias felices frente a una casa con jardín y el coche nuevo se desdibujan. La última década ha sido la peor para la clase media desde la segunda guerra mundial. Y muchos temen, como sucede en Europa, que el futuro de sus hijos nunca vuelva a ser igual.
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 05 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Este es seguramente el tema de fondo de la campaña y, como viene sucediendo desde el inicio, tanto el presidente Barack Obama como Mitt Romney pugnaron durante el debate por arrogarse a ojos del electorado el papel de guardián de la clase media. Un sector que ha visto cómo con la crisis se acentuaba la caída de los salarios, se encogía el valor de la vivienda y empeoraban sus estándares de vida.
Del 71% de estadounidenses que pertenecían a la clase media en 1970 se pasó al 51% en 2011. Sus ingresos se han desplomado el 6% desde el 2000 y ahora la media de ingresos de un hogar de EEUU es de unos 39.000 euros.
Y eso que al país no han llegado los recortes draconianos que están haciendo estragos en el sur de Europa. O, para ser más exactos, no han venido de la Administración de Obama que, contra viento y marea, sigue apostando por políticas de estímulo keynesiano. Donde sí se está abrazando la austeridad es en muchos municipios y estados profundamente endeudados que, obligados a equilibrar el presupuesto, han cortado salarios, han despedido funcionarios y han recortado servicios.
Diferencias profundas
A la hora de proteger a la clase media, las ideas de Obama y Romney difieren profundamente. El presidente cree que el Estado debe garantizar un mínimo de oportunidades para todos y reequilibrar con los impuestos el coste de los profundos sacrificios que se avecinan. «La perspectiva de Romney dice que si bajamos los impuestos a los ricos y desmantelamos la regulación, estaremos mejor», dijo Obama durante el debate. «¿Vamos a volver a esa economía de arriba abajo que contribuyó a meternos en este lío o abrazamos un nuevo patriotismo que dice que América va mejor cuando la clase media prospera?»
Romney, en cambio, cree que la clave para revitalizar la economía pasa por menos cortapisas a la iniciativa privada y reducir la carga del Estado. «El presidente mantiene una visión muy similar a la de hace cuatro años, que un Gobierno más grande, con más gastos, más impuestos y más regulación funcionará. No es la respuesta correcta para EEUU».
Esas diferencias quedan patentes en los planes fiscales de cada uno para reducir el déficit. El candidato republicano propone reducir el 20% los impuestos sobre la renta, limitar o eliminar deducciones fiscales (no especifica cuáles) y no añadir nuevos impuestos. El presidente, mientras, propone subir gravámenes a los más ricos e incentivar determinadas industrias.
Obama asegura que el recorte de impuestos sobre la renta de Romney reducirá los ingresos en las arcas públicas y obligará a una subida de impuestos general, pero el republicano lo niega y le contestó el miércoles tajante: «Bajo ninguna circunstancia subiré los impuestos a las familias de clase media. Los bajaré».
Mientras ambos discuten, el país se acerca al precipicio fiscal, con cortes de gasto y subidas de impuestos automáticos que entrarán en vigor el 1 de enero si no hay pacto sobre déficit y deuda. Y la clase media, golpeada, cada vez se reduce más. Según los últimos datos del censo, la diferencia de ingresos entre ricos y pobres se amplió el año pasado más que nunca en cuatro décadas. Supera ya la de países como Uganda.