Sobre el Coq d'Argent, un restaurante bien conocido de Londres, parece haber caído una maldición. La elegante brasserie del grupo Conrad, que abrió sus puertas en 1998 muy cerca de la antigua sede del Banco de Inglaterra, se ha convertido en el destino de los suicidas de la City. Su clientela del mundo financiero está en estado de shock. La pasada semana, a la hora del almuerzo, el analista bursátil de 45 años Nico Lambrechts tomó el ascensor del restaurante hasta la terraza, en la azotea del edificio. Desde allí se arrojó al vacío, estrellándose en al patio interior, donde numerosas personas estaban en aquel momento almorzando. Era el cuarto empleado de la City que ponía fin a su vida en ese lugar y el segundo en poco más de un mes. «Se oyó un golpe y después una especie de estallido. Como era un lugar cerrado resonó por todas partes. Todo el mundo comenzó a correr», contaría más tarde uno de los testigos, que estaba tomando un café.
Información publicada en la página 15 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 19 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lambrechts trabajaba en Investec Asset Management, que tiene las oficinas muy cerca del restaurante. Estaba casado, tenía tres hijos y vivía con su familia en una casa valorada en dos millones de libras. Si se conocen, las razones por las que se quitó la vida no se han divulgado.
La situación privilegiada, en el corazón mismo de la City, y su cocina francesa clásica han sido la razón del éxito del Coq d'Argent. Es el sitio de almuerzos y cenas de negocios más formales. De copas y picoteo al término de la jornada, en un ambiente íntimo y relajado. El bar de la terraza panorámica, con unas vistas excelentes de la catedral de San Paul y el Gerkin, es muy popular.
El pasado 4 de septiembre, a las 6.30 de la tarde, el local estaba atestado. En ese momento, Rema Begum, una mujer de negocios de 29 años, dio un sorbo a la copa de vino blanco que tenía en la mano, colocó su bolso en el suelo y saltó a la calle. Su cuerpo destrozado quedó tendido en el pavimento, a la puerta del metro de la estación de Bank. Un centenar de comensales se hallaba en el restaurante.
«Se hizo un silencio sepulcral, hasta que los empleados pidieron que nos marcháramos», contó uno de los presentes. Otro testigo escribió en twitter: «Cayó a 20 metros de donde yo estaba. No creo que la vida de la City sea para mí. Esta milla cuadrada te chupa la vida».
Mundo hipercompetitivo
La City era el mundo de Anjool Malde, quien tres años antes, con una copa de champán en la mano, puso fin a sus días desde la terraza del Coq d'Argent. A los 24 años, gozaba de un puesto envidiable en el Deustsche Bank. Trabajaba muchas horas, dormía poco. Tenía amigos con los que divertirse en Londres y un apartamento en Marbella. El banco alemán le había suspendido de empleo días antes del suicidio, por un estúpido correo electrónico enviado a un cliente. Ese incidente menor, en el mundo hipercompetitivo en el que vivía, tomó para él unas dimensiones desproporcionadas.
La lista negra del Coq d'Argent, se abrió con el suicidio en el 2007 del jefe de marketing Richard Ford, de 33 años. Su cuerpo se estampó sobre el techo de un autobús lleno de pasajeros.
El restaurante planeaba abrir la terraza este invierno a partir del 6 de noviembre. «Con mágicas luces y mantas calientes es el lugar perfecto para una copa o una cena en invierno», dice en la portada de su portal en internet.
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