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A medida que van saliendo a la luz los detalles de la reciente matanza en el cine de Denver, los expertos aventuran que la acción no sigue los patrones habituales y que el presunto asesino, James E. Holmes, podría no estar aquejado de alguna enfermedad mental grave.
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 26 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«La gente quiere creer que alguien que hace algo similar debe ser un individuo psicótico», afirma Louis Schlesinger, profesor de psicología forense en el John Jay College de Justicia Criminal en Nueva York. «Piensan, 'oh, es un enfermo mental, ahora lo entiendo', pero la inquietante realidad» -subraya el académico- «es que la enfermedad mental de Holmes podría ser menos grave, más común y no fácilmente detectable».
Esto es lo que se deduce de las primeras investigaciones. Las víctimas de Holmes eran personas ajenas al asesino, no colegas o conocidos. «La mayoría de los autores de los asesinatos en masa matan a gente determinada por razones determinadas», insiste el criminólogo James Alan Fox, de la universidad del Noreste. «Matan a los jefes que les han despedido, a los profesores que les engañaron», asegura.
El responsable de la matanza de Denver no se suicidó ni hizo lo posible para que la policía acabara con su vida, a diferencia de otros casos similares. Holmes vestía un chaleco antibalas y se rindió de inmediato. Los expertos subrayan que muchos responsables de masacres similares están armados «hasta los dientes» y esperan morir durante la acción, cuenta James Knoll. No en este caso.