Los rebeldes sirios golpearon ayer el corazón del régimen de Bashar el Asad con un atentado suicida que decapitó a la cúpula de seguridad del Gobierno y que da un giro al conflicto que ya no parece tener vuelta atrás.
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 19 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El estallido de una ambulancia cargada de explosivos y conducida por un suicida en el interior de la sede de la Seguridad Nacional, en pleno centro de Damasco, costó la vida al ministro de Defensa, general Daud Abdelá Rayiha, al viceministro y cuñado de Asad, el general Asef Shaukat, y a uno de los asistentes de la presidencia, el general Hasan Turkmani. Además, resultaron heridos el ministro del Interior, Mohamed Ibrahim al Shaar, y el jefe de la Seguridad Nacional, Hisham al-Ijtiar, que asistían, junto a los fallecidos, a una reunión de alto nivel sobre seguridad. Se trata del mayor golpe asestado al régimen sirio en 16 meses de revuelta.
El atentado, que supone un punto de inflexión en la revuelta contra Asad iniciada en marzo del 2011, se lo atribuyeron por separado el Ejército Libre Sirio (ELS) -integrado mayoritariamente por desertores de las fuerzas de seguridad sirias- y un grupo yihadista denominado El Señor de la Brigada de los Mártires.
Fuentes de los servicios de seguridad indicaron que el presunto autor del atentado era un guardaespaldas de los miembros del círculo político más íntimo de Asad. Algunos testigos presenciales aseguraron que las ventanas del edificio donde había explotado la ambulancia estaban intactas, hecho que provocó una gran confusión sobre lo ocurrido.
EN EL CENTRO DE LA CAPITAL / El fin de semana pasado, los combates se intensificaron en Damasco y los opositores armados llevaron la guerra al centro de la ciudad, cada vez más cerca del palacio presidencial. Los rebeldes declararon el martes que habían iniciado «la batalla para la liberación» de la capital siria, la operación que bautizaron como Volcán Damasco. Ayer, los enfrentamientos siguieron en los barrios de Midan y Qabun, bombardeados por las fuerzas gubernamentales sirias.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos señaló que casi un centenar de personas murieron en diferentes puntos del país, 43 de ellas civiles. En algunos barrios de Damasco, las fuerzas gubernamentales emplearon aviones y carros de combate para bombardear y destruir numerosas viviendas. Fuerzas opositoras informaron de que las calles están vacías en numerosas zonas de la capital, donde muchos comercios han cerrado y los vecinos han escapado, abandonando sus casas.
CONSPIRACIÓN EXTRANJERA / El Ejército sirio se comprometió a «limpiar la patria de la maldad» y a perseguir a los autores del atentado, del que acusó a «mercenarios que trabajan para el extranjero». «Si hay alguien que piensa que con el atentado contra algunos responsables se puede torcer el brazo de Siria, está equivocado», aseguró la cúpula militar en un comunicado.
El régimen sirio designó tras el atentado al jefe del Estado Mayor, el general Fahd Yasem al-Freich, nuevo ministro de Defensa en sustitución de Rayiha. Al-Freich calificó de «mártires» a los responsables fallecidos y prometió vengar su muerte en un breve discurso en la televisión oficial. «Esta acción cobarde y criminal no nos apartará de la lucha contra las bandas terroristas», advirtió.
El general Rayiha, cristiano, era ministro de Defensa y vicepresidente de la Comandancia General del Ejército y del Consejo de Ministros. Shaukat, alauí, como la familia de Asad, era el esposo de la hermana del jefe del Estado, Bushra, y estaba considerado uno de los máximos responsables de seguridad e integrante del círculo más cercano al presidente.
El atentado de ayer marca un simbólico cambio de rumbo en la crisis siria y da una gran fuerza a la lucha de los opositores para derrocar a Asad, según algunos analistas. La confirmación de que un suicida entró en un recinto gubernamental e hizo estallar un vehículo cargado de explosivos evidenciaría la incapacidad de las autoridades sirias para garantizar su propia seguridad.
No obstante, el atentado no significa que la caída de Asad sea inminente, como afirman algunos sectores de la oposición siria, pero pone de manifiesto que ha empezado el principio del final de esta sangrienta guerra. A juicio del experto egipcio Gamal Sultán, este atentado es el síntoma más claro de que el régimen «se está empezando a resquebrajar», desde el momento en que fue cometido por un agente de seguridad que trabajaba en la sede gubernamental.
La duración de la contienda y el color de la victoria final son imprevisibles y el régimen todavía tiene un poder militar muy superior a los rebeldes. Diversos analistas apuntan que lo que parece claro es que la parálisis de la comunidad internacional respecto a Siria obligará a dirimir el conflicto en el campo de batalla. La oposición se prepara para lo peor. El régimen es como «una bestia herida» y a partir de ahora «todo valdrá», advierten.