El Periódico

Repercusiones del caso Nisman

A un año de su muerte, la figura del fiscal Nisman sigue dividiendo a los argentinos

¿Suicidio o asesinato? La justicia no se ha pronunciado en una causa que puede tener un nuevo giro político y que apuntaría contra Fernández de Kirchner

A un año de su muerte, la figura del fiscal Nisman sigue dividiendo a los argentinos

REUTERS / MARCOS BRINDICCI

El fiscal Alberto Nisman el 2013 en su oficina en Buenos Aires, Argentina.

ABEL GILBERT / BUENOS AIRES

Lunes, 18 de enero del 2016 - 10:23 CET

En un domingo de temperaturas saharianas, al amparo de una sombra protectora, indulgente, el presidente Mauricio Macri recibió a Iara y Kala Nisman y les prometió "hacer justicia con la memoria" del difunto fiscal. Macri, su esposa Jualiana Awada, y las dos niñas, se reunieron en la finca 'Los abrojos' del magnate. Iara les dijo que su padre Alberto era "un ejemplo a seguir por su inteligencia, valor y dedicación". Con su "asesinato", subrayó, se ha tratado de "infundir miedo en la gente". Los Gobiernos pasan en Argentina. Cambian las orientaciones políticas y económicas. Pero el caso Nisman sigue atrapado en las redes del misterio, los usos extrajudiciales y las conjeturas paranoicas que incluyen guerras soterradas entre servicios secretos.

A mediados de enero de 2015, el fiscal acusó a Cristina Fernández de Kirchner de traición a la patria y propiciar la impunidad de los responsables del ataque contra la mutual judía de Buenos Aires (AMIA), en el que murieron 84 personas el 18 de julio de 1994. El día 18, en las vísperas de su presentación ante el Congreso, donde debía justificar tan explosiva denuncia, lo encontraron sin vida en el baño de su lujoso departamento. A su lado, había una pistola.

"Se dijeron muchas cosas acerca de mi papá y de su vida privada", reconoce su hija mayor. Sí: el busto de Alberto Nisman ha sido exhibido como el de un mártir republicano, un sabueso tenaz que pagó con su vida el precio de sus pesquisas, pero, también, con los contornos de un personaje sinuoso, dueño de una riqueza difícil de demostrar que incluye una cuenta no declarada en Merryl Lynch, hábitos de playboy nocturno despreocupado por su seguridad, una dudosa inclinación al trabajo que generaba desconfianza en los familiares de las víctimas del atentado terrorista y, además, relaciones acarameladas con la derecha republicana e israelí, la CIA y el Mosad.

SIN PRUEBAS DE ASESINATO

Durante los más de 11 meses que tuvo la causa en sus manos, la fiscal Viviana Fein no encontró pruebas contundentes que sostengan la hipótesis del asesinato que la exesposa de Nisman, la jueza Sandra Arroyo Salgado, da como seguro. De hecho, cinco de seis criminalistas descartaron la presencia de otra persona en el baño en el momento de un disparo que impactó en la sien del fiscal a menos de un centímetro de distancia. No se encontraron pruebas de resistencia ni otras lesiones en el cuerpo de Nisman salvo la que fue producto de su caída.

Por su parte, Arroyo Salgado ha descartado el suicidio porque no hubo evidencias en sus manos que demostraran que se haya disparado. El resultado negativo de los estudios tuvo la siguiente explicación del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) de la provincia de Salta: las manos estaban ensangrentadas y transcurrió demasiado tiempo entre el deceso y la toma de la muestras. Las grabaciones de las cámaras de seguridad no mostraron la presencia de extraños en el edificio. Por otra parte, la puerta del apartamento estaba cerrada desde adentro. Un custodio de Nisman reveló que el fiscal le pidió un arma. Esa misma solicitud se la hizo a Diego Lagomarsino, el técnico informático a las órdenes de Nisman, de cuya Bersa calibre 22 salió la bala que se incrustó en su cabeza.

Antes de que tuviera lugar el desenlace fatal, Nisman vivió un fin de semana aciago. Su denuncia contra Fernández de Kirchner había sido desechada por jueces, juristas e incluso la Interpol. El fiscal llamó en cuatro oportunidades a Jaime Stiusso, el exjefe de espías, su proveedor de informaciones y ángel guardian, antes de caer en desgracia en diciembre del 2014, y nunca recibió respuesta. En esas circunstancias debía presentarse en el Congreso.

UN AÑO DESPUÉS

Un sector de la comunidad judía llamó a encender una vela en honor a Nisman y para pedir el esclarecimiento de su muerte. Mientras estuvo en el poder, el kirchnerismo siempre pensó que un sector de la justicia intentaba orientar la causa en su contra de cara a las elecciones presidenciales. La salida del Gobierno no hizo más que afianzar esa presunción. Se espera que,en febrero, cuando los tribunales vuelvan a abrir sus puertas, se sientan los efectos de los nuevos aires políticos. Predicen giros en las investigaciones. Macri, por lo pronto, ordenó que se desclasifique información secreta de los servicios de inteligencia. La diputada Elisa Carrio está convencida que esa apertura perjudicará a la expresidenta. La familia Nisman, en tanto, presiona para que el expediente pase al fuero federal bajo el rótulo de asesinato. Muchos argentinos creen que nunca se sabrá la verdad de lo que ocurrió aquel domingo. Hay, al menos una certeza: las utilizaciones políticas de la figura del fiscal serán duraderos. Y la sociedad seguirá polarizada, entre la incredulidad y la sospecha y la indignación acrítica.

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