Antes de que empezara la ceremonia oficial de recuerdo a las víctimas de los atentados el 11 de septiembre, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, aseguraba que llegaba el momento de "ecarar algo diferente". Bloomberg contestaba así a las preguntas sobre porqué este año no figuraba ningún discurso político en el programa de las conmemoraciones, a diferencia de años anteriores en los que personalidades de primer plano tomaban la palabra. Parece evidente que Estados Unidos y Nueva York en concreto, aunque no olvidan, empiezan a vivir éste día con más normalidad.
Una guardia de honor traslada una bandera durante el homenaje a los muertos en el 11-S. Craig Ruttle/POOL | EFE
Si el año pasado los alrededores de la zona cero estaban abarrotados de gente que quería conmemorar el décimo aniversario, hoy solo han hecho acto de presencia los flashes de periodistas y de algunos turistas curiosos. "Es un día normal, la gente está trabajando", decía Gary, un hombre vestido con una chaqueta llena de parches con símbolos americanos y con una bandera estadounidense en la mano. Él es de los pocos neoyorquinos que esta mañana se han convertido en el centro de atención de todos los objetivos al acercarse a la zona donde hace once años se produjeron los atentados "para mostrar su respeto y rendir homenaje a las víctimas".
A pocos metros de Gary se podía ver el movimiento de gente entrando y saliendo de la iglesia de Saint Paul, convertida en un símbolo de resistencia patriótica tras sobrevivir a los atentados y que guarda una enorme carga simbólica. Fue ahí donde los bomberos y voluntarios acudían a descansar de las labores de rescate y en su verja se colgaban fotos de los desaparecidos y flores en su memoria. Por eso algunos han querido visitarla, para recordar a quienes, en un día soleado como hoy, cayeron tan cerca de esa iglesia.
"Aunque no haya mucha gente aquí, los americanos no olvidamos, no queremos olvidar, y seguro que cuando se celebre el 15 o el 20 aniversario, esto volverá a estar lleno", sentenciaba Gary. De momento lo único que está claro es que el 11-S ha dejado de ser una fecha extremadamente mediática para irse convirtiendo en una jornada, aunque simbólica y llena de emotividad, cada vez más cercana a cualquier otra.