Rosa Massagué
Periodista
Nunca antes un partido que utiliza lo más parecido a una esvástica, que desfila con antorchas, que usa parafernalia militar y cuyo líder no tiene empacho en saludar brazo en alto o en citar al fascista español José Antonio Primo de Rivera había llegado tan lejos en una democracia parlamentaria. El populismo recorre Europa, pero lo de Grecia es un salto cualitativo que deja a Marine Le Pen o a Geert Wilders en meros aprendices. O lo que es mucho peor, en unos xenófobos aceptables por comparación.
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 09 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Haber pasado de un 0,29% de los votos en el 2009 al 7% y 21 diputados como ha hecho ahora Amanecer Dorado (nombre digno de un puticlub) es una hazaña que solo se explica por la humillación que sienten muchos griegos ante la crisis. Cuando el Estado es incapaz de asumir sus responsabilidades porque desde fuera (Washington, Berlín y Bruselas) se le ha impuesto unas medidas asfixiantes que, por cierto, toman el nombre de un legislador de la Atenas clásica llamado Dracón; cuando falta la comida, la asistencia social o los ancianos se sienten amenazados, ¿quién no va a dar su voto a unos jóvenes neonazis que se ocupan de satisfacer necesidades tan perentorias? Sirvan de ejemplo las victorias en los países árabes de los partidos islámicos que se dedican al asistencialismo no satisfecho por el Estado.
Poner en el punto de mira a la inmigración, al otro, es lo más fácil, y lo más cínico cuando se hace desde un país que ha enviado y sigue enviando a miles de sus ciudadanos al extranjero en busca de lo que no existe en casa, o sea trabajo. Desde luego, es más fácil que exigir a Bruselas una política migratoria seria que deje de convertir a Grecia en un puente migratorio hacia Europa.
Muchos políticos, y no solo de derechas, creen que sobrevivirán asumiendo postulados de la extrema derecha, pero los electores siempre acaban prefiriendo el original a la copia, que casi siempre es mala. El nazismo surgió en un mundo que consideraba que su gran civilización había sido humillada por unas fuerzas exteriores que lo habían derrotado y empobrecido. También surgió cuando muy pocos alzaron la voz en contra, cuando la nación se antepuso a la democracia y cuando los políticos supuestamente democráticos se doblegaron a aquellas fuerzas creyendo, erróneamente, que así se salvarían. Todo demasiado parecido.