Cuba tiembla mientras lucha en silencio contra la propagación de un brote de cólera iniciado en la ciudad de Manzanillo, en el oriente de la isla. Temerosas tanto de una epidemia como de la reacción de los turistas, las autoridades limitan la información a un corto comunicado televisivo en el que solo se menciona el nombre científico de Vibrio cholerae, pero que reconoce ya tres muertos y 110 casos positivos. Los disidentes elevan a más de una docena la cifra de fallecidos y los cubanos de Miami denuncian el «silencio de los Castro».
Información publicada en la página 18 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No son el presidente, Raúl Castro, ni su retirado hermano mayor, Fidel, quienes hablan desde el pasado fin de semana por la televisión de la provincia de Granma, si no la epidemióloga Ana Batista. En su comunicado de ayer, la funcionaria reiteró que el brote estaba bajo control, pero sus cifras aumentaron en 25 el número de casos confirmados y en varios centenares el de casos sintomáticos de diarrea y vómitos. Batista aconsejó a los residentes en Granma que eviten los viajes para frenar la propagación de la enfermedad.
CORDÓN SANITARIO / Las prestigiosas brigadas epidemiológicas cubanas trabajan intensamente en la zona de Manzanillo, delimitada con un cordón sanitario. Los brigadistas analizan el agua de los pozos ante la sospecha de que el germen viene de aguas subterráneas. Pero otros especialistas apuntan como portadores a los propios médicos de las brigadas que fueron a combatir la epidemia de cólera a Haití. Y como tantas otras veces, el cúmulo de rumores florece con la desinformación.
Entre las informaciones verosímiles destaca la de un periodista de Santiago, la segunda ciudad de Cuba, al que los médicos de un hospital local aseguraron que cinco adultos y tres niños murieron allí hace cuatro días, y que las autoridades les conminaron a «poner cualquier cosa menos cólera en los certificados de defunción». México y Venezuela se declararon en alerta y han multiplicado la vigilancia en sus aeropuertos, mientras Alemania precisó que el peligro de contagio es muy bajo para los turistas.