Quizá a Mahmud Ahmadineyad le preocupa su legado ante la comunidad internacional. Pero solo quizá.
Información publicada en la página 16 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 27 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ayer el presidente iraní hizo añicos todas las previsiones que, con la experiencia acumulada en los últimos siete años, anticipaban que ofrecería un discurso incendiario en el debate de la Asamblea General de la ONU. Con elecciones en Irán el año que viene y el límite de dos mandatos agotados, intervenía por última vez ante el foro, y en sus 34 minutos en el podio rebajó drásticamente su agresividad habitual y no citó ni una vez directamente ni a Israel ni a Estados Unidos. Su propio programa nuclear ni siquiera apareció indirectamente en sus palabras.
No es que Ahmadineyad no hiciera referencias críticas a los dos países que en los últimos meses y semanas más han incrementado la presión sobre Teherán por su programa nuclear. En su discurso denunció «la continua amenaza de sionistas incivilizados de recurrir a la acción militar contra nuestra gran nación». Pero su relativo silencio y la ausencia casi absoluta de provocaciones es difícil de entender.
El martes el presidente estadounidense, Barack Obama, avisaba desde ese mismo podio que Washington hará «lo que haga falta para evitar que Irán se haga con un arma nuclear». El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, ya ha anunciado que centrará su intervención de hoy en los ataques a un régimen al que acusa de estar a seis o siete meses de tener el 90% de lo necesario para hacerse con la bomba atómica, y sigue presionando a Washington para que establezca «líneas rojas» cuyo cruce llevaría a una respuesta militar.
SORPRESA / En la enorme sala que acoge el debate dominaba ayer tras la aparición de Ahmadineyad cierta incredulidad y sorpresa ante un discurso dominado por temas históricos, morales y espirituales, salpicado de referencias religiosas a un imán y una segunda llegada de Cristo y con apelaciones a un nuevo orden mundial que acabe con la «hegemonía de la arrogancia» (Ahmadineyad actualmente preside, por tres años, el Movimiento de los No Alineados).
Aunque tanto las misiones de EEUU como de Israel y alguna otra como la de Canadá decidieron boicotear la intervención aludiendo a insultos y destructivos comentarios que Ahmadineyad había realizado en los últimos días en Nueva York -donde llegó a pedir la «eliminación» de Israel y habló de su Administración como «un falso Gobierno»-, este año no hubo un abandono masivo en señal de protesta como en reuniones anteriores. «Su único delito ha sido la incoherencia», le dijo a Reuters una fuente diplomática.
Desde ese mismo podio horas después se escuchaba también al primer ministro británico, David Cameron, tratando de acallar los tambores de guerra y reclamando que la presión a Teherán debe llegar desde la ONU y no desde naciones individuales.
Ahmadineyad ofreció por la tarde una rueda de prensa en el hotel donde se aloja en Nueva York, 90 minutos en los que también se mostró más reflexivo y suave que de costumbre. Habló, por ejemplo, del diálogo como única vía para resolver problemas y se mostró «listo y dispuesto» a empezar conversaciones con EEUU.
LOS CIBERATAQUES / En ese encuentro con los medios Ahmadineyad restó importancia a los ciberataques que ha estado sufriendo Irán y que han ralentizado su programa nuclear, explicando que tiene software capaz de neutralizarlos. Se refirió a Siria, y dijo que la implicación de agentes externos es responsable de la complicada situación. Y defendió que la situación económica iraní es estable, aprovechando para apuntar que «la Unión Europea está al borde del colapso».
Negándose en la rueda de prensa a admitir la represión y la violencia de su régimen contra los opositores, Ahmadineyad intentó mostrarse cercano a movimientos como Ocupa Wall Street. «En EEUU y en Europa las voces de las masas no son escuchadas aunque constituyen el 99% de las sociedades», había dicho en la ONU, donde habló también del capitalismo como «una práctica fracasada».