Goma es la ciudad del fin del mundo. Parece raro que se diga esto de una población ubicada en el centro de un gran continente como África. Pero Goma reúne características que podrían vencer a cualquier otra competidora por el título, bajo casi cualquier definición de lo que es el fin del mundo.
Información publicada en la página 18 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 28 de diciembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Por ejemplo, después de Goma, la nada. La nada impenetrable, para precisar. Cincuenta años de independencia desde 1960 son cincuenta años de abandono de las infraestructuras que dejaron los colonialistas belgas, y los caminos a partir de Goma (en el este de la República Democrática del Congo, un país del tamaño de toda Europa Occidental) hasta Kinshasa, la capital en el extremo oeste, fueron devorados por la selva.
Uno de los pocos occidentales vivos que ha cruzado de un lado a otro (dos veces) es Zack Partain, estadounidense de 28 años. Él no es ciclista pero se montó en un velocípedo al darse cuenta de que este vehículo era el único con el que podría conocer las profundidades del Congo. Sus vídeos y fotos solo muestran estrechos senderos en medio de la maleza.
O bien, antes y después de Goma, el colapso. Los 800.000 habitantes de la ciudad fueron arrojados de sus hogares por la guerra más costosa en vidas humanas desde la segunda guerra mundial: entre cinco y siete millones de muertos desde que el Ejército francés facilitó el escape de las milicias genocidas de Ruanda hacia el Congo en 1994.
Es difícil decir que encontraron refugio en Goma porque aquí no tienen nada: la economía desapareció en la región por el conflicto, y no hay quien la reconstruya en la ciudad. El único dinero que fluye en la región es el de los organismos humanitarios y el del contrabando de minerales (coltán pero sobre todo el oro) que alimenta a los distintos grupos armados que atormentan a la población, y engrasa las manos de los generales del Ejército regular.
¿De qué vive la gente? Unas pocas familias han logrado crear una economía agrícola de subsistencia o fabricar ilegalmente carbón vegetal, o beneficiarse con las migajas que caen de las mesas de extranjeros, militares, guerrilleros, bandidos y cascos azules de la ONU. Pero son una delgada minoría entre cientos de miles de personas que vagan todos los días en busca de un algo que no saben qué es hasta que lo encuentran, si tienen suerte. Son víctimas del colapso y el germen de otro más. Hambre, peste, muerte, guerra: el apocalipsis late allí.
Y esta sensación se confirma cada noche en un resplandor rojizo en el cielo. Es el rasgo que le da a Goma la ventaja definitiva por el título.
El volcán Nyiragongo es uno de los más activos en África. El reflejo del magma se aprecia desde Goma en la oscuridad. La erupción de su hermano el Nyamulagira, que pude observar en enero del 2010, hizo recordar a todos por qué se asocia Goma con el fin del mundo.
Eddy Mbuyi, un congolés de 27 años aficionado al baloncesto jugaba en la canccha a las 2 de la tarde de un día de 2002, cuando alguien pasó a avisarles a todos que corrieran. Una marea de lava descendía desde el Nyiragongo. Casi un millón de personas se desbordó enla frontera de Ruanda y escapó antes de las 5 de la tarde, cuando la ciudad desapareció bajo piedras de fuego. La cifra de muertes, solo 137, es prueba o de que hay milagros o de que nadie ha sabido nunca cuánta gente vive en Goma.
Supervivencia
Goma es el fin del mundo pero también muestra la capacidad de supervivencia y reconstrucción de los seres humanos. Y su abrumadora necedad. Eddy y su familia, como sus cientos de miles de vecinos, regresaron cuando la roca se enfrió y con ella, cortada en bloques, levantaron de nuevo su casa, 20 metros por encima de donde estuvo la anterior. Las calles de Goma son las más difíciles del planeta: no tienen una superficie de asfalto, tierra, arena o permafrost, sino de rugosa piedra volcánica. Otro misterio de Goma es cómo es que los coches y las motos no se caen en pedazos.
¿No teme Eddy que vuelva la guerra, el conflicto civil, el tremendo Nyiragongo? Cincuenta años de independencia le han enseñado que a todo se sobrevive. «¿No te da miedo en Barcelona de que te toque una bomba de Al Qaeda o de ETA?», devuelve. ¿No tienes miedo de que te mate el narco en México? ¿Por qué no mejor se van todos de ahí y se vienen a Goma?». Goma es la ciudad del fin del mundo. Que siempre vuelve a comenzar.