Un día después de que un alud de barro se tragara a más de un millar de chinos en la provincia de Gansu, el primer ministro, Wen Jiabao, ya estaba ahí. Con ropa cómoda y gesto preocupado, consolaba a las víctimas, sosegaba a los atrapados y espoleaba a los rescatadores. También estuvo en las nevadas de Guangdong y en el terremoto de Sichuan, donde se le recuerda llorando. No hay desgracia natural sin Wen, de 67 años, el abuelo Wen para todos.
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 27 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Un reciente libro cuestiona al más querido de los líderes chinos, también al más ajeno a su hieratismo protocolario. En El mejor actor de China, Yu Jia sostiene que es un fraude, subrayando cómo sus políticas duras difieren de su comportamiento público. Recuerda sus promesas incumplidas de castigar a los corruptos tras el terremoto y confronta la falta de derechos humanos en China con su fama de progresista.
El libro describe a Wen como la otra cara de la misma moneda: «El presidente, Hu Jintao, es sobrio y frío, le gusta dar órdenes tras las bambalinas y es malo actuando. Por eso se complementa a la perfección con Wen, al que le encanta bajar a las minas, visitar granjas y llorar en público».
Yu es un escritor disidente, cuyos libros se censuran por sistema en China. También el último, publicado en Hong Kong, la excolonia británica que conserva las libertades públicas. Yu ha denunció antes la falta de libertad religiosa -es un cristiano devoto- y en 2003 causó una tormenta al pedir que se retirara el cuerpo embalsamado de Mao y su retrato de la plaza de Tiananmén.
Los líderes políticos son tabú en China y sus vidas privadas son desconocidas. Yu, que vive en Pekín, dice haber sido amenazado con la cárcel si el libro se publicaba y ser seguido por media docena de policías de paisano. El autor ha especificado que el objetivo del libro, además de desenmascarar a Wen, es minar el secretismo forzado sobre los líderes chinos. «Aceptar las críticas del pueblo es la cualidad más fundamental que un político debería tener. Sin ella, no debería participar en este juego», argumenta. La valiente lucha por la libertad de expresión de Yu es más elogiable que su libro.
Lejos del poder
La revelación del supuesto pensamiento verdadero de Wen obliga al lector a preguntarse por sus fuentes, y Yu está muy lejos de las cocinas del poder. Incluso los más críticos con el Gobierno de Pekín, probablemente el de peor reputación global, salvan a Wen. También un primer ministro está constreñido por el aparato. Li Datong, editor de un diario oficial despedido por sus críticas a la censura, se preguntaba: «Entre los líderes chinos, ¿quién más habla de democracia o de valores universales como la libertad? Solo él. Pero es solo un tecnócrata con un poder limitado para cambiar decisiones».
Llegado a Pekín desde provincias rurales, Wen siempre ha defendido que el crecimiento económico vaya acompañado del respeto al medioambiente y el retroceso de las diferencias sociales.
También ha abrazado a infectados de VIH, atenuando los prejuicios y estigmas que los enfermos de sida sufren en China.