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PROFUNDA CRISIS DE UNA TRADICIÓN EN JAPÓN

El sumo se hunde

Seguidores y patrocinadores dan la espalda al deporte ancestral tras la revelación de los lazos entre los luchadores y la mafia japonesa y un escándalo de apuestas ilegales

Sábado, 21 de agosto del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN
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Borrachuzos pendencieros, fumadores de marihuana o tercos ludópatas. Las flaquezas humanas se encarnan hoy en los luchadores de sumo, cuyas arrobas en taparrabos habían sido ancestrales depositarias del honor, la dignidad y la rectitud. A Japón le cuesta estos días rendirles el culto semirreligioso cuando encadenan prosaicos escándalos. El último y mayor tiene que ver con apuestas ilegales y mafia, y más que resbalones aislados, revela vicios gremiales.

El campeón Asashoryu (derecha), ahora suspendido, en un combate en Osaka en el 2008. ARCHIVO / JORDI JUSTE

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Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 21 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Lo inició el popular luchador Kotomitsuki cuando desveló su afición a apostar en el baloncesto. La yakuza, mafia japonesa, le había amenazado con hacer públicas las millonarias deudas contraídas con una actividad que prohíbe la ley deportiva nacional. Después confesó el entrenador Otake, también sumergido en deudas. Ambos han sido suspendidos de por vida. Y más tarde llegaron los registros policiales a una treintena de cuadras (escuelas de sumo) y las suspensiones de una veintena de rikishi o luchadores. El presidente de la Asociación de Sumo de Japón ha sido relevado recientemente por un antiguo fiscal de dura reputación. De los 700 miembros de la asociación, con la teórica tarea de fiscalizar el férreo código ético, 65 han reconocido haber apostado en béisbol, juegos de cartas o golf.

El sumo se desangra. Seguidores y patrocinadores le dan la espalda. El fabricante de comida Nagatanien, que solía servirse de sonrientes luchadores, ha retirado sus anuncios. También ha renunciado la compañía de fotocopiadoras Xerox a patrocinar el torneo de Nagoya, el cual recibió el último golpe desde la televisión. La cadena pública NHK decidió no retransmitirlo, por primera vez desde 1953. La tradicional cobertura en directo se redujo a un resumen semiclandestino de 20 minutos a medianoche. El certamen, de todos modos, había perdido interés por la ausencia forzosa de buena parte de sus favoritos.

El escándalo de las apuestas ilegales ha rematado un año traumático. Un entrenador fue condenado en diciembre a seis años por la muerte de un luchador de 17 años. El caso sugería que en las cuadras, célebres por la estricta enseñanza y la vida espartana, hay hueco para el matonismo. Poco después, Asashoryu, entonces gran campeón, renunciaba tras atizarle pasado de copas a un cliente en un bar de Tokio. Varios luchadores han sido suspendidos por consumo de marihuana.

Pero lo más grave ha sido certificar la rumoreada imbricación de mafia y sumo, lo que da pábulo a los que hablaban de combates amañados. El vínculo se hizo evidente cuando 55 gánsteres del sindicato mafioso Yamaguchi-gumi ocuparon las primeras sillas en un torneo del pasado año, rompiendo el tradicional perfil bajo de la yakuza. Buscaban con el gesto apoyar a sus compañeros en la cárcel, sabedores de que el sumo es de lo poco que se les permite ver. Escandalizaron al país, que se preguntó si esa puesta en escena era aconsejable en horario de máxima audiencia.

«Fue una bofetada en la cara a la policía, que en algunas ocasiones ha sido intimidada por la mafia. Entonces, cuando se hicieron tan visibles al público, la policía decidió golpearles». Lo dice Jake Adelstein, encallecido periodista de sucesos y autor del best-seller Tokyo Vice, imprescindible biblia sobre el submundo de la capital.

Cantera de facinerosos

Los lazos datan del final de la segunda guerra mundial y no es fácil que se extingan, sostiene Adelstein, quien recuerda que no es raro que luchadores de sumo se conviertan en cobradores de deudas, guardaespaldas, facinerosos en general o incluso mandos de la organización. «Hay una admiración mutua muy masculina. Los yakuza que son vistos con rikishis adquieren respetabilidad social y estos consiguen dinero, banquetes y mujeres», juzga.

Los expertos sostienen que otra razón de la actividad mafiosa son los pocos medios de las cuadras menos reputadas. Sin patrocinadores son más sensibles al dinero fácil. Estos días se juzga excesiva la cincuentena de cuadras en el país. Tampoco los salarios poco boyantes de los luchadores del montón ayudan a rechazar el abrazo de la yakuza. Una vez dentro, es difícil que puedan negarse a las vías ofrecidas para solventar la deuda, peleas amañadas incluidas.

Los combates no suelen alargarse más de unos segundos. El nudo descansa en los rituales previos. Es preceptivo que los rikishis tiren sal al dohyo o ring circular para purificarlo, un gesto que estos días va más allá de la simple liturgia.

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