La peor catástrofe natural de la historia de Pakistán se está ensañando con los más pequeños. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) informó ayer que alrededor de seis milones de niños habían visto su vida diaria trastornada de alguna u otra forma por las lluvias monzónicas que han anegado la cuarta parte de este país de 800.000 kilómetros cuadrados y 167 millones de habitantes. De ellos, más de la mitad (3,5 millones de personas) se hallan expuestos a eventuales epidemias de enfermedades transmisibles por el agua, como el cólera o la disentería.
Información publicada en la página 10 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 17 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
«Se trata de salvar vidas; los niños son siempre los más vulnerables; no pueden controlar su sed y beben cualquier agua, con el consiguiente riesgo de coger diarreas, cólera u otras enfermedades», indicó Sami Abdul Malik, portavoz de UNICEF, organización que está distribuyendo galletas hipercalóricas entre los menores para evitar la malnutrición, que hace más fácil que los pequeños puedan ser contagiados de las terribles enfermedades de transmisión por el agua contaminada.
ALIMENTAR A HERMANOS / Los rumores de primeros casos de cólera han comenzado a circular, pese a que todavía la ONU no ha confirmado ningún caso. Un miembro de una oenegé humanitaria explicó a France Presse bajo cobertura del anonimato que varios supervivientes habían muerto de esta enfermedad tras sobrevivir a las aguas. «La Organización Mundial de la Salud (OMS) se prepara para ayudar a 140.000 personas en caso de irrupción del cólera, pero el Gobierno no nos ha informado de ningún caso», explicó Maurizio Giuliano, portavoz de la oficina de coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
No solo las enfermedades acechan a los más pequeños. Las inundaciones han generado un número sin determinar de desaparecidos, huérfanos o separados de sus familias, psicológicamente traumatizados y desprovistos de recursos para afrontar el desastre. Cerca de la localidad de Sukkur, en el sur, Abdul Ghani, de 14 años, ha encontrado refugio en un campo de desplazados. Recién llegado de la aislada población de Karamur, es el mayor de siete huérfanos. «Nuestros dos padres murieron; solo somos dos los que trabajamos para alimentar a la familia», relató el adolescente. «La vida era ya muy difícil, pero ahora estamos condenados; mi hermana pequeña de 4 años tiene hambre y yo no sé qué hacer ni dónde ir, nadie está aquí para ayudarnos», concluyó.
Shakeel Ahmed, de 15 años, es otro huérfano que tiene que dar de comer a sus tres hermanos. «Somos demasiado jóvenes, nadie nos escucha ni nos presta atención», lamentó. Según los médicos locales, la mayor parte de ellos sufren de gastroenteritis, enfermedades de la piel y deshidratación.
Haroon, de 12 años, ha encontrado refugio en una escuela de Nowshera que acoge a 5.000 desplazados, 1.500 de ellos menores de edad. Le duele el vientre y tiene los brazos y el tronco cubiertos de picaduras de mosquito. Su casa fue arrastrada por las aguas, y su madre, Bushra Humayn, de 25 años, tuvo que dar a luz a gemelos en el mismo campo de desplazados. «No tengo suficiente para dar de comer a mis dos bebés, y se están debilitando poco a poco», lamentó, cubierta de sudor. Antes de irse a la cama, tuvo que caminar durante tres kilómetros para encontrar un poco de agua potable.