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Las consecuencias de una publicación sin precedentes

La filtración sobre la guerra afgana daña la nueva estrategia de Obama

El Pentágono abre una investigación para tratar de averiguar quién está detrás de la divulgación

El presidente expresa su preocupación aunque dice que los documentos no aportan nada nuevo

Miércoles, 28 de julio del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
IDOYA NOAIN / Nueva York
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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y sus portavoces y aliados se esfuerzan por lanzar el mensaje de que los más de 90.000 documentos obtenidos y filtrados por WikiLeaks que conforman un diario crudo de seis años de la guerra en Afganistán tienen escasa relevancia y no aportan información nueva. La realidad, no obstante, es que la publicación de unos 70.000 de esos papeles ha sacudido la estrategia de Obama para Afganistán y Pakistán, alimenta las divisiones ya existentes dentro de su Administración sobre la efectividad de esa política y pone en peligro la financiación de la guerra en el Congreso.

Soldados de la 101 División Aerotransportada de EEUU ayudan a un compañero con un tobillo herido junto a su vehículo destruido por una mina. REUTERS / BOB STRONG

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Información publicada en la página 10 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 28 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Esa realidad quedó de manifiesto ayer, cuando, en sus primeras declaraciones sobre la filtración, en las que trató de minimizar su impacto, Obama lanzó un mensaje de presión al Congreso para que dé luz verde a los requisitos presupuestarios para mantener la contienda. Las cámaras trataron de acelerar ayer mismo, una votación de una partida de más de 45.000 millones de euros pero en un debate hubo demócratas que empezaron a retirar su apoyo.

PREOCUPACIÓN POR LA SEGURIDAD / Asimismo, el Ejército de Tierra abrió ayer una investigación para determinar el origen de una filtración que podría llegar a considerarse «acto criminal». El propio presidente reconoció su «preocupación» por la posibilidad de que los documentos pongan en peligro individuos u operaciones.

Aunque Obama aseguró que la filtración «apunta a los mismos retos» que le llevaron el otoño pasado a revisar la estrategia e insistió en que solo constatan la urgencia de aplicarla, lo que no puede evitar es que la guerra de Afganistán, la alianza con Pakistán y las preguntas que rodean a ambos temas hayan vuelto a las primeras páginas de los medios y al centro de la atención y el debate político y social.

«La ciudadanía es ahora más escéptica con la estrategia de lo que lo era la semana pasada», constataba en Politico Daniel Markey, del Consejo de Relaciones Internacionales. Una fuente de la Administración reconocía en The New York Times: «No sabemos cómo reaccionar».

Hay quien trata de ver efectos positivos. Analistas militares aseguraron a The Washington Post, por ejemplo, que este episodio «puede conducir a Obama a explicar con más determinación la importancia de la guerra», lo que le ayudaría a aplacar las críticas de que hasta ahora no ha razonado a fondo cómo pretende reforzar al débil Gobierno afgano y frenar el ascenso de los talibanes.

Asimismo, hay miembros de la Administración que, en privado, han expresado su esperanza de poder usar las revelaciones, especialmente las que describen a Pakistán como un aliado que está desarrollando un doble juego y ayudando a los talibanes, para presionar a Islamabad a cooperar más. «Ahora (el doble juego) es de dominio público, es realidad, y en cierta forma hace más fácil decir a los paquistanís que nos tienen que ayudar», declaraba un miembro de la Administración.

EL VOTO PRESUPUESTARIO / Lo más vital ahora para Obama es conseguir que el Congreso secunde sus peticiones económicas para mantener la guerra. De momento, cuenta con el apoyo público de senadores como John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Internacionales, que habló de las filtraciones como oportunidad para «hacer los equilibrios necesarios para conseguir con más urgencia la política adecuada». Pero el apoyo en el Congreso a la estrategia ya era frágil antes de que publicaran los documentos WikiLeaks.

EL PARADERO DE BIN LADEN / Los tres medios que publicaron los documentos, The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, siguieron ayer dando a conocer nuevos detalles que ponen en duda la sinceridad con la que esta Administración y la que le precedió han transmitido la realidad de la guerra. Aunque la CIA había mantenido que no ha tenido información detallada sobre el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden desde el 2003, un informe de agosto del 2006 desmiente esa versión. Ese documento situaba a Bin Laden en una reunión en Quetta, en territorio paquistaní, en la que tanto el líder de Al Qaeda como el de los talibanes, el mulá Omar, organizaron ataques suicidas en Afganistán.

Los documentos dan cuenta de 144 incidentes que dejaron bajas civiles afganas, incluyendo 195 muertos, según reveló The Guardian. Además, otros informes documentan comportamientos criminales de miembros del Gobierno afgano, incluyendo la supuesta violación de una adolescente de 16 años cometida por el mando de la policía afgana en otoño pasado.

Los documentos demuestran el controvertido papel de las fuerzas especiales encargadas de arrestar a la plana mayor insurgente, que no se coordinan con la ISAF.

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