Tensión social

Un pequeño ejército de magrebís y negros

Los inmigrantes de Rosarno trabajan 10 o 14 horas diarias por 20 o 30 ¤

Sábado, 9 de enero - 00:00h.

En noviembre, bajan hasta Calabria para recolectar naranjas y clementinas. En marzo, descienden hasta Sicilia para las patatas. En julio, tocan los tomates de Apulia. Cuando maduran las primeras manzanas, suben al norte, en el Trentino-Tirol, y en otoño van a Piamonte y Toscana para recolectar uvas. Luego vuelven a empezar en Calabria, principalmente en la inmensa Piana (llanura) de Gioia Tauro. Es la tierra de los Piromalli, mafiosos de la ‘Ndrangheta que en los 70 secuestraron a Paul Getti III, hijo del magnate estadounidense.

Son unos 5.000, siempre los mismos. Un pequeño ejército de magrebís y negros, la mitad con permiso de residencia, un tercio sin papeles y el resto con el estatus de refugiado político. «Hacen las labores que ningún italiano quiere hacer ya», ha escrito Ffwebmagazine, publicación de la derecha social.

Contratados en la carretera

Trabajan entre 10 y 14 horas diarias y cobran entre 20 y 30 euros. En negro, en Calabria. Les contrata a diario gente que pasa a buscarlos en microbuses en la carretera nacional, que en su trazado urbano se llama Via Nazionale. Viven en industrias abandonadas y en chabolas de cartón y plásticos, situadas en la periferia de Rosarno. El año pasado enviaron a sus familias más de 100.000 euros de ahorros, según Cáritas.

Los 15.000 habitantes de la ciudad están sin alcalde desde el pasado año. A instancias del gobernador civil, el jefe del Estado disolvió la junta municipal por infiltraciones mafiosas; o sea, por los Piromalli. Un tribunal acaba de condenarles a pagar nueve millones de euros al ayuntamiento por «daños a la imagen, la moral y la economía». Hace años, Rosarno fue el primer municipio en constituirse como acusación particular contra las células locales de la ‘Ndrangheta.

Un autor local escribió un libro con el título Los africanos salvarán Rosarno. Con el tiempo, los habitantes se acostumbraron a ellos y empezaron a ayudarles con comida, ropa y mantas. Norina Ventre, de 85 años, cada domingo les cocina lasañas, arroz y hogazas. En vistas del inicio de la Copa de África de fútbol, les habían puesto televisores y generadores. Dos balines de escopeta de aire comprimido han roto el equilibrio social logrado.