En este mundo gobernado por el PIB y las primas de riesgo, los que no producen sobran. O sea, los viejos. Pep Pla y Albert Boronat se han dispuesto combatir «el valor supremo de la productividad» con 'Zero', una obra escrita a cuatro manos que llega hoy al Teatre Lliure (Espai Lliure) en el marco del Grec. Teatro, danza y vídeo se conjugan para reflexionar «sobre la gestión de la vejez que nosotros mismos, futuros viejos, estamos ejerciendo», plantean los creadores.
Información publicada en la página 65 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El montaje, con dramaturgia de Boronat y dirección de Pla -director del Centre d'Arts Escèniques de Terrassa (CAET)-, presenta un reparto intergeneracional. Dos octogenarios -Maria Dolors Duocastella y Josep Vallhonrat- a los que se suma una envejecida Martha Carbonell (tiene 69)- y tres veinteañeros: Isis Martín, Xavi Sáez y Jaume Sangrà.
La historia se inspira en la película 'La balada de Narayama', del japonés Shohei Imamura. En la montaña de Narayama eran abandonados los ancianos cuando ya dejaban de ser aptos para el trabajo. Sus hijos los cargaban a la espalda y los depositaban allí, cual basura, hasta que llegara su hora. «Ahora la sombra de esa montaña parece proyectarse en todas partes, desde los discursos mediáticos que identifican lo joven con lo bueno, hasta los del Fondo Monetario Internacional, que hablan del riesgo financiero que supone el aumento de la esperanza de vida», argumenta Pla.
Al hilo de la ficción, los viejos actores de 'Zero' «están muy contentos de tener trabajo a su edad», cuenta el director. De hecho, la más joven Carbonell no para de producir. Fundadora del Guasch Teatre, donde acaba de representar 'Bodas de sangre', fue una de las zombis de 'REC' y ahora anda encantada con el estreno en el Grec. «Es una obra muy dura e impactante. Nos toca mucho a todos», declara.
Aunque trabajo no le falta, ella, como los personajes, también ha sentido la exclusión. «A los 60 quise hacer un cursillo de informática y me dijeron que no porque no salía a cuenta para gente mayor», cuenta. «Como en la vida, en escena los jóvenes cogen la batuta porque son los que tienen la fuerza. Pero hay que dar valor a los mayores. El montaje removerá el corazón de todos».