Las sinergias y complicidades entre Martirio y su hijo Raúl Rodríguez se evidencian tanto cuando comparten partituras como en esta entrevista conjunta. Llevan unidos sobre el escenario y en estudios de grabación desde los 90 pero nunca han querido utilizarlo «como reclamo publicitario; de hecho hay periodistas que desconocen nuestro vínculo», explica la folclórica posmoderna. Pero esta noche, invitados por el ciclo Off the record del Grec, abordarán el uno con el otro (como única compañía) «un repertorio de canciones que les «han influido muy especialmente. Será un recital muy de estar por casa, muy en familia».
«Además, como Raúl tiene esa habilidad de aprenderse tantas canciones será algo muy fluido y amoroso, que tiene que ver con el currículo sentimental que nos ha acompañado», añade María Isabel Quiñones (que así figura en su DNI). Es decir, habrá guiños a Kiko Veneno, a Chano Domínguez, a la música latinoamericana y al imprescindible grupo Jarcha. Ese que hizo de su Libertad sin ira un himno tan revolucionario como aglutinador. Ahora, «por desgracia», se sigue respirando poca libertad y la ira va en aumento. «Aunque la palabra ira no me gusta -aclara la cantante-. Prefiero conciencia, reivindicación, responsabilidad y, sobre todo, rebeldía ante lo injusto». ¿Y no cree que más que nunca urgen canciones faro, letras que movilicen? «Vamos a tener que recuperarlas y recordar que la poesía y la música son armas de futuro que mueven sentimientos y entrañas. Vamos a tener que cantar letras que no pensábamos que tendrían vigencia en el siglo XXI; que invitaban a hacer piña y aportaban energía de repuesto».
Malos tiempos para la lírica, como cantaba Golpes Bajos. Y más tras la recién anunciada subida del IVA en la cultura. Un tema que despierta la «indignación» de los dos.
-«Es un auténtico insulto. Y empobrecerá al país espiritual, cultural y moralmente», se lamenta ella.
-«Nos quieren hacer callar porque saben que le podemos poner voz a un grito colectivo. Todos los sistemas totalitarios han querido acallar a los artistas, y el primer paso es imposibilitar que trabajen. Probablemente nos temen», constata él.
QUERENCIA POR COMPARTIR/ Raúl Rodríguez, reclamado productor, guitarrista y un genio del tres cubano (él prefiere llamarlo tres flamenco por los derroteros al que se lo lleva) está encantado con el concierto de hoy. «Hay tal vínculo físico y emocional que lo interesante es que tengamos querencia por compartir mundos diferentes y experiencias. Porque yo no empecé directamente con ella. Me forjé con otras bandas como la de Kiko Veneno, Caraoscura, Morón, Son de la frontera...»
La primera vez que su madre explica que le fichó fue para el disco He visto color por sevillanas, «en el que hizo algunas músicas y participó en la producción, aunque antes ya estuvo en La bola de la vida y del amor aconsejándome, haciéndome reflexionar...»
Martirio asegura que lo que más le sigue sorprendiendo de Raúl es «su excelente criterio, sabiduría, pureza y honestidad. Y tiene tal conocimiento de mí, que me lleva ¡a mi propia reinvención!», exclama. Pero él le replica: «Todo lo que ha dicho lo hace ella sola. Siempre busca un lenguaje nuevo. Yo destacaría su valor; su valentía, que es lo que puedo tener de herencia más real. No se deja vencer por el miedo. Ni por el hecho de que por hacer música tradicional no pueda tener una actitud contracultural. Para ella la creación es una obligación y postura en la vida. Algo que le funciona como motor para otras muchas cosas y para otra mucha gente. Y es que la tradición tiene que renovarse; estar siempre en la vanguardia para no morir».
ANTROPÓLOGO POR EL FLAMENCO/ Raúl estudió antropología en la universidad «para entender el flamenco, qué es lo que le hace tan especial, comprender su causa, su rico cruce cultural. Y sí, aprendí muchas cosas que son las que me dan trabajo como músico», dice el productor del genial disco de Las Migas. «El primer grupo de mujeres dentro del flamenco», resalta.
Rodríguez, que siendo solo un crío vio pasar por su casa a «Pata Negra, Kiko Veneno y Gualberto» [del grupo Smash], aún espera que llegue la verdadera revolución del flamenco. Antes, opina que tendrá que «culturizarse» y «electrificarse, como pasó por ejemplo con el reggae. Siempre pensé que cuando fuera mayor la gente tocaría bulerías eléctricas, cantaría flamenco eléctrico, pero no ha pasado». Bueno, Camarón sí lo hizo. «Y en su tiempo fue un fracaso comercial». Mientras, planea un disco con su madre. «Los dos juntos, sí -suspira ella-. En la línea de Flor de piel».