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Katie Melua dice que le preguntan a menudo cuál es su estilo musical, y ella sale del trance como puede, apelando a la naturalidad, la inquietud, el eclecticismo... Lo contaba el miércoles en el Grec, después de abrir el recital con un canto onírico de película ('Secret symphony'), seguir con una pieza pop de desarrollo discotequero ('The house') y añadir luego un asalto folkie con guitarra acústica ('If you were a sailboat'), y antes de precipitarse en brazos del blues con 'My aphrodisiac is you'. Melua tritura las leyes de cómo debe un artista ofrecerse al público, y no le va mal. Seguramente, el hilo conductor es ella misma: esa voz que puede moverse entre la extrema sensibilidad y el acento 'roots'.
Información publicada en la página 322 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En su última obra aparece envuelta en vaporoso arreglos orquestales, pero en directo Melua se decantó por texturas más básicas y recuperó registros bluesísticos que quedaron bastante relegados en su anterior gira, cuando presentaba 'The house'. Demostró que algunas de esas nuevas canciones sobreviven a otros enfoques, como 'Better than a dream', composición majestuosa y sofisticada que interpretó a voz y guitarra. Lástima que no añadiera a esa secuencia 'Gold in them hills', la canción de Ron Sexsmith que abre el disco y que podría dar envidia a Joanna Newsom.
Melua se puso cabaretera en 'A moment of madness' y cultivó la canción lánguida y fantasiosa en 'Call off the search'. Pero hubo abundante fibra bluesística a través de citas a John Mayall ('Crawling up a hill'), Bo Diddley ('You don't love me') y Janis Joplin ('Kozmic blues'), y de piezas como 'Moonshine' y 'Mockingbird song'. Es un material que resuelve con estilo y con el que compensa los posibles excesos de azúcar de otras parcelas de su repertorio, pero no es ahí donde exhibe su sello más personal.
Quizá Melua tenga miedo a ser tachada de sentimental o blanda, terribles insultos en ciertos ámbitos. Pero no hay nada malo en bellas piezas como 'Nine million bycicles' y 'The closest thing to crazy', ni en la acústica 'I cried for you', que cerró la noche. La belleza no debe ser penalizada.