Valor seguro en cualquier festival, la compañía belga de danza-teatro Peeping Tom vuelve a Catalunya, donde ya ha actuado en el Temporada Alta y el Lliure, con un nuevo espectáculo, 32 rue Vandenbranden. La argentina Gabriela Carrizo y el francés Franck Chartier, creadores del espectáculo, siguen en la senda de sus montajes hipnóticos, de aire onírico, que generan «atmósferas inquietantes», según afirma el director del Grec, Ramon Simó.
Información publicada en la página 56 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 09 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La pieza que se verá hoy y mañana en la Sala Fabià Puigserver del Lliure está inspirada en la película japonesa La balada de Narayama. Como en el filme de Shohei Imamura, recrea un universo perdido, en el que tiene un gran peso la tradición. La acción se sitúa en un paisaje montañoso, donde habita una comunidad pequeña y aislada, enfrentada a su soledad y con viejas costumbres como norma de convivencia.
LA 'EXTIMIDAD' DE LACAN / La propuesta de Carrizo y Chartrier, que sucede en su trayectoria a su trilogía sobre los problemas generacionales en la familia, parte de un concepto creado por Jacques Lacan. El psicoanalista francés acuñó la extimidad en contraposición a la intimidad. «Lo hace en el sentido de cómo lo que vemos fuera de nuestro entorno íntimo conforma nuestra manera de pensar, o sea la construcción de la personalidad a partir del exterior», explica Simó. Así, los seis bailarines-intérpretes encarnan a personajes que se mueven en un espacio mental, con una ruptura de las fronteras entre lo que pasa en realidad y lo que ellos piensan que está pasando.
Esta carga filósofica de 32 rue Vandenbranden viene acompañada de una estética muy particular, y definida por una mezcla de lenguajes escénicos propios de la danza, el teatro y el circo. «Sus espectáculos se crean a través del espacio, de descubrir un lugar», apunta Simó.
La música que firman el argentino Juan Carlos Tolosa y Glenn Vervliet también corre en paralelo a la evolución propia de los personajes. Su cadencia se adecúa a su juventud, sus miedos, sus sueños... Sueños como el de acceder, en ese adverso paisaje montañoso, a un valle imposible, metáfora de una libertad inalcanzable por el peso de las reglas sociales y familiares.