Decía Joan Ollé que había preparado una gamberrada poética (sí señor) entre el amor y el odio a su ciudad. Pues bien, en À la ville de... Barcelona domina más de lo primero que de lo segundo. Ollé hace gala de su barcelonismo socarrón en el único montaje teatral que Ramon Simó ha programado en el Teatre Grec en su primer festival. Teatral, sí, pero con dominio de la palabra más que del diálogo y una buena dosis de música y canciones en directo para un recorrido generoso y sin lógica cronólogica. Igual tiene sitio un romano que recuerde la fundación de Barcino que un latero ramblero de hoy.
Información publicada en la página 64 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 21 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sale airoso el director de una ambiciosa propuesta, en cartel hasta el domingo, que se llevó un buen aplauso en su estreno del jueves. À la ville de... Barcelona se acaba ganando al público por el empeño de todos los implicados, desde los ocho intérpretes hasta los músicos de Lisboa Zentral Café, y por el humor y la mala leche que dominan buena parte de sus escenas, estampas o cuadros de una pieza en la que se juega con un material y referentes tan diversos que consiguen apabullar.
FALANGISTA SAMARANCH / El montaje se mueve de salida entre el humor y la reflexión seria de episodios históricos, algo que puede difuminar el tono de la propuesta. Quizá esa haya sido la intención de Ollé; ir por ejemplo de la gravedad de la semana trágica a las puyas para muchos barcelonins. La mete a fondo con Samaranch y su famosa frase del título de la obra enmarcada en un entorno falangista de final de la guerra civil.
Al final se acaba imponiendo, de forma progresiva, el aire verbenero, festivo, en un recorrido con personajes y situaciones sin freno. La acertada labor del coreógrafo Andrés Corchero otorga a esa sucesión de entradas y salidas una coherencia que impregna todo el montaje. La misma virtud tiene un reparto en el que se hace difícil destacar a nadie por el sólido trabajo y la complicidad que manifiestan todos. Ollé tiene la virtud de convocar a veteranos como Joan Anguera (grande como Colón y como Copito), Enric Majó y Oriol Genís junto a jóvenes como Ivan Benet, Laura Guiteras, Paula Blanco y Jordi Vidal (un descubrimiento como actor y cantante poliédrico). Entre las dos generaciones, una brillante Victòria Pàges. Sobresaliente general.
Momentos para el recuerdo, unos cuantos: Benet imitando a Maragall, Clos, Hereu y Trias; una réplica del cuadro El Angelus (Jean François Millet) para las fechorías del saqueador del Palau; el número de la Lotería (con el Gordo para Millet, de nuevo); el gol radiofónico de un Barça con alineación de todas las épocas; Ollé disfrazado de torero; Genís emplumado como Johnson del Molino; los cines y teatros desaparecidos; los juegos de lenguaje y onomatopeyas con sitios y calles de la ciudad; la burguesa del Liceu... Y por encima de todo un I love BCN de Joan Ollé.