El diálogo transcurrió ayer en la residencia donde vive Albina Francitorra justo el día que cumplía 100 años. Sucedió nada más llegar este periodista y la fotógrafa, que pretendían inmortalizar la jornada más especial de la madre de la escritora Montserrat Roig, la actriz Glòria Roig, la guionista Carmina Roig (creadora de Los Lunnis) y la activista Maria Isabel Roig.
Albina Francitorra posa, ayer, en la habitación de la residencia donde vive, frente al parque de la Estació del Nord. ELISENDA PONS
Información publicada en la página 60 de la sección de Gente de la edición impresa del día 04 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-«¿Hace frío en la calle?», pregunta Luisa, la cuidadora de Fransitorra.
-«Bueno, bastante, la verdad», le responde la fotógrafa.
-«Ah, es que quería ir a fumar...», suspira la joven con cierto desánimo.
-«Bueno, si te abrigas bien...».
-«No, no, si no lo decía por mí, sino por ella. Es ella quien quería salir a fumar. Cuando lo hace, está más tranquila, más suelta».
¿Cómo? ¿La abuela fuma? Sí, la bisabuela -porque Francitorra tiene 13 nietos y 15 bisnietos- fuma. Y no poco. «Medio paquete al día, pero solo desde hace 50 años», sonríe. «¿Y qué le dice el médico?». Ella vuelve a sonreír con picardía: «Nada». Está claro, pertenece a la generación de Santiago Carrillo, otro fumador con pulmones históricos.
La anécdota ilustra la vitalidad de esta anciana excepcional, que ayer fue homenajeada en una fiesta en la que recibió la medalla de plata de la Generalitat.
Sentada en la silla de ruedas, algo sorda, pero con una cabeza y una salud privilegiadas, Albina Francitorra parece una venerable abuelita más. Pero, por mucho que se esfuerce en quitarse importancia, no lo es. Y no porque a sus 100 años tenga móvil («todo lo que sea ir para adelante me gusta») ni porque siga la actualidad viendo las noticias de la tele, sino por su trayectoria vital. Ha dado a luz a varias mujeres célebres (tuvo siete hijos, de los que viven dos), fue la «archivera y secretaria» de Montserrat Roig, columnista de EL PERIÓDICO («era muy buena escritora, lo que hubiese deseado ser yo, que edité tres novelas»), se sacó el carnet de conducir a los 64, se licenció en Filología a los 70...
«No estoy muy contenta conmigo misma porque no he hecho nada», sostiene. «Me hubiera gustado estudiar comercio, pero en casa me obligaron a aprender piano. Y cuando me casé, mi marido [Tomàs Roig, abogado] me dijo que era suficiente con que, en casa, solo escribiera uno. Y ese uno era él». De sus estudios musicales le queda la pasión por las óperas. «He ido bastante al Liceu. Allí he disfrutado mucho», explica.
Sus recuerdos son nítidos, lo que le permite comparar la sociedad de su juventud con la actual. «En aquella época todo era más falso. Mi madre decía con ironía que hacía visitas de cumplo y miento, o sea, de cumplimiento. Ahora se han perdido las formas, y eso es positivo. Lo peor es eso de poderoso caballero es don dinero sigue más vigente que nunca». En su cabeza se acumulan los recuerdos de los domingos en familia por el paseo de Gràcia, entre Gran Via y Aragó, saludando a los conocidos (los hombres se quitaban el sombrero y las mujeres sonreían); los años de la república («los mejores que ha tenido este país en todo este tiempo porque se respiraba libertad»), la jaula de la dictadura (su marido fue encarcelado por hablar en catalán en un acto público), la democracia...
Francitorra es una independentista realista. «Creo que ni mis nietos ni mis bisnietos verán una Catalunya independiente. Ahora, el mundo va en la dirección contraria, la de grandes uniones». Pero no parece muy preocupada. Hoy solo piensa en la fiesta. Por eso se ha pintado las uñas de rosa con puntitos negros.
-«Oiga, ¿para celebrar su cumpleaños se fumará un pitillo?».
-«¡Claro que sí! ¡A tu salud!».