En los tiempos que corren, tener vacaciones puede considerarse un lujo, aunque uno vaya al pueblo de al lado a descansar unos días. Pero hay vacaciones y vacaciones. Y las de Mar Flores son de lujo en comparación con el resto de sudorosos mortales que se apelotonan en las playas. La modelo, actriz y ahora empresaria lo demostró ayer saliendo a navegar en su yate en compañía de su esposo, el millonario empresario de ocio Javier Merino (con el que se casó en el 2001), sus hijos y unos cuantos amigos. Risas, baños y champán francés (bebieron blanco y rosado) amenizaron una agradable jornada en aguas de Eivissa, donde tienen una casa. Los envidiosos lo tienen fácil con ella, y no solo por lo sofisticado de su encuentro sobre las olas, en el que no faltó un sabroso aperitivo, sino por su figura. Tiene 43 años y ha dado a luz a cinco hijos (todos varones, el primero de ellos, de 19 años, con el italiano Carlo Constanza y los dos últimos, en febrero del año pasado, fueron mellizos). Nadie lo diría viéndola sobre el yate en un biquini marinero de rayas azules y blancas, el pelo recogido y las gafas de sol, nada que ver con el estilismo hippy que lució en la fiesta Flower Power del pasado 8 de agosto en la isla pitiusa.
Información publicada en la página 323 de la sección de Gente de la edición impresa del día 18 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Flores, que quiere centrarse en su carrera como actriz, va y viene estos días de Madrid a Eivissa porque sigue al frente de su proyecto empresarial como diseñadora de ropa de hogar. Es feliz con su vida. Así lo confesó en abril a La mañana de la 1: «Estoy donde tengo que estar».