Joan Pera emula algunos de los gestos más característicos del desaparecido Joan Capri. ALBERT BERTRAN
Información publicada en la página 68 de la sección de Gente de la edición impresa del día 16 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Joan Pera ha vuelto a su casa, el Teatre Condal, con un homenaje a su maestro. En Joan Pera Capri recrea a su manera, con sus propias pinceladas, los más recordados monólogos de aquel inolvidable Doctor Caparrós de la televisión de los 80, con el que compartió consulta. «Yo era su sobrino en la ficción y muchos se creían que lo era de verdad. Fue con el que más aprendí, la figura más importante del humor catalán en una época en la que había muy poco. Era un maestro del lenguaje, de las pausas y el ritmo, y hacía un humor muy próximo a la gente», recuerda.
Con Capri se rieron varias generaciones de catalanes, pero «él nunca se reía», sentencia Pera. Vivió siempre con su «tragedia interna» a cuestas. «Era el payaso triste. Amable o no, taciturno, serio, obsesivo». Dice que lo más dificíl del nuevo espectáculo ha sido renunciar a su simpatía para acercarse a la actitud «tragicómica, huraña, malhumorada», con la que el fallecido cómico se metió al público en el bolsillo. «Verán a un Joan Pera con una fuerza dramática distinta, más serio», anuncia.
Hipocondriaco y obsesivo con el dinero. Así era también su tío. «A mí también me hubiera gustado ejercer de agarrado pero no podía. Tengo seis hijos. Él pasaba cada día por el banco para asegurarse que seguía en su sitio». Las anécdotas se sucedían. «Un día fuimos a un restaurante que no le gustó. Le dijo al propietario: «¡Abrázame, abrázame, porque no me vas a ver más!».
El 11 de septiembre lo veremos cantar y bailar un tango en el musical El retablo del flautista que ha dirigido Ricard Reguant para TV-3. Un año más, Joan Pera pasará el verano al pie del cañón. «Yo nunca hago vacaciones, me puedo ir dos días a Montserrat o al monte. Pero soy feliz en el teatro. Mejor que en casa», bromea (o no). Con los tiempos que corren, la diversión con el protagonista de Violines y trompetas está asegurada. «¡No me puedo jubilar hasta que esto no se arregle!». Le indigna «el caos y la falta de sentido común» que nos ha llevado al abismo. «Yo a partir de 6.000 euros me pierdo, debe de ser difícil manejar tanto dinero. Siempre pensé que los que nos mandaban eran más inteligentes que yo. Pero no. Ya veíamos hace diez años que esto no podía ser, que lo del tocho era insostenible, todos lo veíamos menos ellos».