Si ayer, en plena ola de calor, se cruzaron con alguien que silbaba o tatareaba la canción Singin' in the rain, no teman por su estado mental. No debía de ser un golpe de calor o el deseo de que lloviera ya, sino alguien que sabía que Gene Kelly habría cumplido ayer 100 años. ¿Exagerado? Quizá, pero la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, siempre presta a recordar a los más grandes, celebra la efeméride con dos galas, la de anoche en el teatro Samuel Goldwyn y la de hoy en el Dunn Linwood, en las que intervienen su viuda, Patricia Ward, Justin Timberlake, Hugh Jackman (este, gran admirador del bailarín desaparecido, ha grabado un vídeo), Nastassja Kinski (protagonizó Corazonada, de Francis Ford Coppola, en el que Kelly fue asesor) y Harry Shum Jr, actor de la serie Glee. Las entradas se agotaron hace días. El público tiene ganas de ver a Kelly de nuevo en acción, y en ambas ceremonias podrá disfrutar de sus números en filmes míticos como Levando anclas (1945), en el que bailó con el ratón Jerry y compartió cartel con Frank Sinatra, y la trilogía que codirigió entre 1949 y 1955 con Stanley Donen: Un día en Nueva York (la primera película musical que se rodó en escenarios exteriores reales), Un americano en París (inolvidables los 17 minutos que dura una coreografía con Leslie Caron y los seis Oscar que ganó) y Cantando bajo la lluvia.
Información publicada en la página 321 de la sección de Gente de la edición impresa del día 24 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
ACTOR, DIRECTOR, COREÓGRAFO, BAILARÍN... / Su viuda explicó que la celebración por el centenario de su marido, que murió en 1996, no es darle a la legendaria estrella una fiesta de cumpleaños sino «lograr que sea recordado como él quería: como alguien que cambió el aspecto de la danza en el cine». «Buscó un lenguaje y una forma de expresar la vida americana en la gran pantalla -recuerda Ward-. Quería romper con la tradición del baile de salón europeo. Quería bailar la canción popular americana y buscaba el tipo de movimiento que sentía que coincidía con el tono americano. La mejor fuente para eso fue el deporte. Volvió a entrenarse como lo hacía en su juventud. Y así es como creó un baile que nunca hasta entonces se había visto».
Era un atleta con un talento descomunal para danzar pero su profesionalidad fue clave para que triunfara en Hollywood y recibiera, entre otros galardones, un Oscar honorífico por su contribución al show business. Eugene Curran Kelly (así figuraba en su partida de nacimiento) no solo fue bailarín, sino actor, coreógrafo, director, guionista, productor... «Era el mejor, el más profesional», recuerda Leopoldo Rodés, que le dirigió para el anuncio navideño de Freixenet en 1981; cómo no, el bailarín rodó en Barcelona una versión de Cantando bajo la lluvia.