Si una palabra define la carrera y la vida de Arantxa Sánchez Vicario es «¡vamos!». Ese es el grito de guerra que lanzaba en las pistas de tenis. Y también es el que lanzó cuando se armó de valor para tomar sus propias decisiones. Entre ellas, una de las más importantes, casarse con Pep Santacana, por el que confiesa haber luchado y llegado hasta el final a pesar de que su familia no se lo puso nada fácil. ¡Vamos! es también el título de libro de las memorias que la tenista barcelonesa acaba de publicar (La Esfera de los libros) y en el que lanza mil dardos envenenados a su familia, con la que tiene una relación «inexistente». ¿Por qué? Por muchos motivos. El más importante lo explica en el capítulo titulado De la sorpresa a la decepción: «La sorpresa de encontrarme sin recursos [económicos] después de una carrera plagada de éxitos y, en consecuencia, de ganancias».
Información publicada en la página 55 de la sección de Gente de la edición impresa del día 07 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La madre de la deportista envió ayer un comunicado en que asegura que «ni el cáncer ni el alzhéimer [de su marido] pueden doler más a unos padres que un hijo les acuse de todos sus males». «Es inexplicable -añade Marisa Vicario- el dolor que sentimos. Nosotros vivimos 20 años por y para ella. Lo dejamos todo de lado e hipotecamos nuestra vida y nuestro matrimonio. Nos acusa de dejarla en la ruina con un rencor y resentimiento dignos del peor enemigo».
La mejor tenista española de todos los tiempos calcula que lo que ha ganado con el tenis alcanzaría los 45 millones de euros. Verse sin nada es lo que le ha empujado a romper con toda su familia. «No soy capaz de odiar a nadie, pero tampoco puedo ser hipócrita y seguir fingiendo que no pasa nada: lo que ha sucedido es muy gordo, muy grave. Afecta a toda mi vida y a la posibilidad de hacer una vida normal».
Arantxa asegura que siempre depositó su confianza en su padre, Emilio Sánchez, persona con pleno poder para decidir contratos y administrar las ganancias de su hija sin darle explicaciones. «Mensualmente se me otorgaba una cantidad para mis gastos. Yo nunca pregunté estas cosas a mi padre. Bastante tenía con entrenar, viajar y jugar».
Sánchez Vicario se define a sí misma como «una niña obediente que siempre callaba». Sus padres, explica en el libro, siempre le decían que la gente se podía aprovechar de su ingenuidad y de que ningún hombre era lo suficientemente bueno para ser su marido. «Llegué a dudar de mi valía y busqué la ayuda de profesionales de la psicología con el fin de que me ayudaran a reforzar mi autoestima», confiesa la extenista, que deja claro que el hecho de ser madre de dos hijos le ha dado valor para escribir sus polémicas memorias.