El chef Ferran Adrià se ha sentado este lunes en el banquillo ante la titular del Juzgado de Primera Instancia número 2 de Barcelona para defenderse de la demanda de cantidad interpuesta por los hijos de su exsocio, Miquel Horta, a quien en el año 2005 le compraron el 20% del restaurante El Bulli, de Roses. En opinión de los demandantes, Adrià y Juli Soler (que ha sido eximido de declarar al encontrarse incapacitado por enfermedad) engañaron a su padre, que padece una dolencia mental, para comprarle las acciones a un precio más bajo que el real y ahora le reclaman 10 millones de euros.
Adrià ha negado cualquier engaño y declarado que Horta invirtió 47 millones de las antiguas pesetas en el restaurante en 1994 y cobró 200 millones de pesetas en el 2005, lo que supone una rentabilidad del 35%. El cocinero también ha desvelado que Horta les dejó préstamos por valor de 43 millones de pesetas que él y su socio Juli Soler devolvieron pagando un interés del 11%. "Esto no es un mecenas, es un negocio", ha dicho, para después,añadir: ·Le compramos las acciones para ayudarle, porque nos dijo que necesitaba un millón de euros. Yo no tenía la necesidad de comprar las acciones", ha insistido..
En el juicio ha declarado como testigo la mujer de Horta que ha asegurado que su marido fue engañado por sus socios: "Le echaron de El Bulli. Estaba coaccionado", ha dicho. "Me destrozaron a mi marido", ha explicado. La que fuera secretaria de Horta ha asegurado que el empresario (antiguo propietario de Nenuco) era una persona "excepcionalmente desprendido" económicamente, que se le veía buena persona y que tenían un caracter un poco "extravagante".