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La batalla del pubis

La batalla del pubis

Los maniquís del gigante del textil norteamericano American Apparel.

Los médicos alertan de que la depilación integral ha provocado, en los últimos cinco años, un aumento «alarmante» de las enfermedades de transmisión sexual entre los jóvenes. El incremento, dicen los doctores, afecta más a la población masculina. Por el flanco femenino, la llamada a la desobediencia ha llegado a la industria de la moda.

NÚRIA MARRÓN

Domingo, 6 de abril del 2014

  • Cristiano Ronaldo, uno de los embajadores más esforzados de la depilación masculina.

  • Un guiño irónico-contestatario del avance en las últimas décadas de la depilación.

De un tiempo a esta parte, el rasurado del pubis se había convertido en el saco de boxeo del feminismo más callejero, pero esta semana también ha entrado a formar parte de los enemigos públicos de la salud. La depilación integral, la última conquista de la industria cosmética y casi un mandato de obligado cumplimiento en los últimos años, no solo no es higiénico, como se ha repetido hasta la extenuación, sino que es dañino. La prueba de cargo ha llegado desde la Academia de Dermatología y Venereología, que ha atribuido a esta «moda absurda orquestada por una potente industria» un aumento «alarmante» de las enfermedades de transmisión sexual entre los jóvenes. Aún no hay datos, pero se calcula que en los últimos cinco años se han duplicado el número de infecciones, debido, también en parte, a la mayor libertad en los hábitos sexuales.

Lo que dice el dermatólogo y profesor de la UB Ramon Grimalt: que el vello púbico tiene una función profiláctica contra el roce en las relaciones sexuales; que el preservativo solo protege una pequeña parte de las enfermedades, pero no la zona púbica; que si los dos compañeros sexuales están rasurados cualquier infección que se halle sobre la piel de uno pasará al otro; que si la depilación es reciente, la irritación de la piel favorece la transmisión de las infecciones, y que si el pelo está empezando a crecer, puede convertirse en una cuchilla que cause pequeñas heridas-coladero para los microorganismos. Las infecciones más habituales son las del papiloma humano y los moluscos contagiosos. Y la población más afectada en este aumento -y aquí llega la noticia- es la masculina.

En efecto, el rasurado púbico ya no solo es una cuestión estética, política y médica femenina. El doctor atribuye el factor masculino a que posiblemente los hombres se inflijan mayor número de «heridas pequeñas que luego pueden infectarse». «Además -añade-, las mujeres hace más tiempo que se depilan y las infecciones ya son estables».

¿Y a qué responde esa moda absurda, en palabras del doctor, del rasurado masculino? ¿Estamos ante los efectos colaterales del hombre metrosexual, la contribución a la igualdad, por decirlo de alguna manera, de la industria cosmética? El investigador en cuestiones de género Paco Abril relaciona esta moda con el auge de deportes como el ciclismo y la natación, en los que se suele practicar el rasurado, y también con ese «modelo de masculinidad» que vino del márketing, sin discurso crítico y que medía la hombría en las hendiduras de la tableta y en los centímetros libres de pelo. La metrosexualidad es una palabra viejuna, pero, según Abril, sigue instalada en la representación de los jóvenes que aparecen en los anuncios y las revistas, donde se generan los discursos sobre la imagen.

Cuidados 'solo' cosméticos

«Está bien cuidarse, pero la crítica a ese modelo de hombre es que los cuidados no deberían circunscribirse a la estética, sino hacerse extensibles a la salud, a las personas que nos rodean y al medioambiente», asegura. A pesar de los mandatos publicitarios, Abril observa que un tic que empezó en el mundo gay está cruzando al heterosexual: «Detecto un hartazgo de perfección, cada vez hay más diversidad, la calvicie, los michelines o el pelo están dejando de ser vade retro satanás». Esa indigestión ante el imperio de la belleza artificiosa y desnaturalizada también tiene su réplica en el mundo del arte, donde se abre paso un erotismo más fuerte, oliente, velludo.

La desobediencia depilatoria puede estar en el ambiente, pero los datos hablan de un sector que en España mueve más de 450 millones de euros y que sortea como puede la crisis gracias en parte a la incorporación de los hombres. La necesidad, casi inexistente décadas atrás, está ahí: un 80% de mujeres y un 50% de hombres dicen tener vello en lugares indeseados.

Por el flanco femenino y según varios centros contactados, el 20% de las clientas piden la depilación integral y, más de la mitad, las llamadas ingles brasileñas (depilación muy entrada). Los porcentajes toman velocidad de galope entre las jóvenes. Los números serán incontestables, pero la trinchera de la insurrección cada vez es más amplia desde que la periodista británica Caitlin Moran publicó su libro Cómo ser mujer y convirtió la depilación íntima en un asunto con carga política, en el símbolo ridículo de todo el rosario de pruebas de sumisión a las normas estéticas y modificaciones corporales que se exigen desde revistas y series para 'feminizar' los cuerpos. «No puedo creer que hayamos llegado a un punto en el que nos cueste dinero tener un pubis -asegura con su verbo-bazooka-. Nos están obligando a pagar por el cuidado y mantenimiento de nuestra entrepierna como si se tratara de un jardín de la comunidad».

Su línea de investigación apunta a que las películas porno son las causantes de este derroche de «dinero, tiempo y dolor de folículos», ya que en ellas los actores van rasurados para que las tomas de la penetración puedan verse mejor. «La pornografía es la principal fuente de educación sexual de Occidente. Es donde los chicos y las chicas aprenden lo que deben hacer y lo que deben esperar cuando se desnudan el uno al otro. En consecuencia, corremos el riesgo de caer en una situación en la que cada chico espere desvestir a una chica y encontrar un minucioso trabajo de depilación, y en la que cada chica, horrorizada ante la idea de verse rechazada o de parecer anormal, se depile para ellos».

La llamada a la insurrección de Moran es compartida por campañas como Project bush, pensada para mostrar a las más jóvenes que la diversidad púbica es posible, y #sobaquember, que festeja el vello en las axilas. La contestación ha llegado hasta el cogollo del showbusiness. Como sabrá el lector de las secciones de celebrities, Cameron Díaz y Gwyneth Paltrow dicen seguir la teoría Moran. Y Madonna, que suele llegar la primera a casi todo, ha tardado algo más de lo normal en colgar en Instagram sus axilas velludas (cuenta el chiste que la demora se debió a que se tuvo que injertar lo que antes se había fotodepilado). Incluso el gigante textil American Apparel, censurado por sus campañas sexistas, puso semanas atrás en sus escaparates maniquís velludas. El tiempo dirá si se está dando respuesta a una ansia de desobediencia o estamos ante la última tendencia: convertir la crítica feminista en un producto de mercado.