La sala está en calma: los camareros formando en línea, protegidos con el escudo de las bandejas llenas de copas de cava; los chefs oteando el vacío desde los laterales como los generales antes de la batalla. Porque habrá batalla, y se librará en los siguientes 90 minutos en el vestíbulo del Teatre Nacional de Catalunya. Tienen a punto 12.000 armas de degustación masiva.
COCINEROS EN PRIMERA LÍNEA 3 Arriba, Nandu Jubany y Jordi Parra (Gsr) dan instrucciones a sus colegas minutos antes de la llegada de los invitados. Sobre estas líneas, Carme Ruscalleda ofrece su 'trencadís' del Maresme ante Christian Escribà y Joan Roca da un último retoque al 'brioche' de 'múrgules'. A la izquierda, una de las mesas de bufet. ALBERT BERTRAN / CARLES MONTAÑÉS
Información publicada en la página 52 de la sección de Gente de la edición impresa del día 24 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Joan Roca, Carme Ruscalleda, Paco Pérez, Fina Puigdevall, Carles Tejedor, Albert Adrià, Carles Gaig, Mey Hofmann y Christian Escribà, se miran con gesto serio y tranquilo después de haber charlado y reído mientras preparaban el arsenal. Hacía tiempo que no coincidían todos. Y escuchan a Nandu Jubany, que, como cada año, ejerce de capitán general de ese ejército de chaquetillas blancas cargadas de estrellas.
Es una calma tensa. Pero calma, al fin y al cabo porque tienen un plan, que más de ataque es de defensa ante el alud de gente hambrienta que saldrá por las puertas en cuestión de segundos. 600 personas que sí, que habían llegado al TNC preguntando si alguien sabía quién iba a ser el Català de l'Any, pero que no paraban de comentar lo que les esperaba tras la gala: ni más ni menos que un ágape creado por 10 de los mejores cocineros del mundo. Se abren las puertas. Salen los invitados. Es tarde, casi las 11 de la noche. Se ha juntado el hambre con las ganas de comer.
Hofmann aún se sorprende de que sean capaces de salir airosos cada año: «Es increíble la presión que nos ponemos encima. La gente sale ansiosa y lo quiere probar todo de golpe». Pero Jubany blande unas hojas en las que todo está pautado. No hay margen de error. «¡Es la hostia! Está todo aquí: los planos del vestíbulo, de las mesas donde trabajamos, los platos, cubiertos e incluso los vatios que necesitamos... Esto no lo hace nadie, por eso sale tan bien todo». Asienten los cocineros.
Un motivo más de tranquilidad para sus colegas y los estudiantes de hostelería del CETT, que saben que Gsr lo coordina todo en la retaguardia con Singularis (cátering), Ficfrei (logística), Guzmán Gastronomía y Klimer (vajilla desechable), y que varias firmas de alimentación y bebida se han arremangado para la batalla: Balfegó, Novell, Carpier, Rougié, Salgot, El Xillu de l'Escala, Triticum, Tros de Sort, Parmigiano Reggiano, La Brújula, 5J, Veri y Damm. Para brindar, los vinos Finca Malaveïna, Torres de Casta, Pórpores, Blancafort trepat rosat, Ònix Evolució, Abadal, Les Sorts Vinyes Velles, Baldomà, Foranell y Avi Arrufí, y los cavas Sumarroca, Agustí Torelló Mata, Gramona, Codorníu y Torelló.
RUSCALLEDA, CAMARERA / Y sí, sale todo tan bien que Ruscalleda aparecen en el campo de batalla ofreciendo su artístico trencadís del Maresme («la gente disfruta porque cada año hacemos algo distinto»), mientras Escribà canta samba pensando en su viaje a Sao Paulo, donde exhibirá un pastel volador en unas jornadas gastronómicas de Catalunya. Si oye a la de Sant Pol, es capaz de liarla en la cena del año que viene. Un pastel volador... Distinto, sí.