Lucía Bosé aterrizó en Barcelona procedente de Brieva (Segovia), el pueblecito de 50 habitantes donde vive encantada en un pajar reconvertido en casa, para presentar la pluma Montblanc dedicada a su amigo Pablo Picasso, pero acabó hablando de su vida, de sus hijos, del torero Luis Miguel Dominguín (el padre de sus hijos), de Franco, de sus nietos, de su Museo de Ángeles de Turégano, cerca de su casa (cerrado porque no puede mantenerlo)... De su intensísima vida, en definitiva, que mucho han dado de sí los 81 años que tiene.
Información publicada en la página 79 de la sección de Gente de la edición impresa del día 20 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La dama azul (pelo, pendientes, chal, uñas postizas) sirvió ayer un atracón de anécdotas durante una comida en Roig Robí, donde probó platos que gustarían al malagueño porque eran de su tierra (ajoblanco) o eran picantes, picantes (unas respondonas gambas al ajillo). ¿Su exmarido? «Más franquista que Franco». ¿Franco? «Me sentaban a su derecha en las cenas después de las cacerías. Solo le interesaban las cacerías y los pantanos». ¿Toros? «Me gusta la estética pero no los entiendo porque me molesta la muerte del animal y del torero. La primera vez que vi una corrida fue en Sevilla tras mi luna de miel; saltó un espontáneo y el toro se lo llevó por delante. Lo mató. ¡El público se quejó de que el toro se había estropeado! Al acabar, le dije a mi marido que era un asesino, un criminal». Era la época en que las mujeres no iban a la plaza. «Ahora van todas de Valentino y con la cabeza inclinada, haciendo ver que sufren mucho».
La actriz italiana también habló de su hijo Miguel Bosé y de los niños que ha tenido de un vientre de alquiler, Diego y Tadeo. «Jamás imaginé que fuera tan amoroso, tan tierno. Ha cambiado por completo. Les hace la papilla, les cambia los pañales... Como es muy organizado, puede hacerlo todo él solo y seguir con su trabajo». Ella, en cambio, no ejerce mucho de abuela: «Lo siento pero no. Si algo he dado a mis hijos es libertad. Y también la quiero para mí. Que no me toquen mucho los cojones».
Y sobre todo, habló de Picasso, con quien mantuvo una «amistad de verdad» (era padrino de su hija Paola) desde que se encontraron tras una corrida de su marido en Burdeos: «Él me recordaba perfectamente de una cita años atrás en casa de Visconti, incluso cómo iba vestida. Impresionante. Tenía la mirada de un toro: me clavaba los ojos y me desnudaba. Fumaba, le encantaba la lucha libre... Un personaje». Pese a la relación con el artista, Bosé no guarda recuerdos de él. «Lo subasté todo; no soy materialista». Le dan igual los millones que valían sus obras, aunque fueran falsas. «Una vez juntó la copia de un admirador y el original y me preguntó: '¿Cuál es el mío?'. Le señalé la imitación y respondió: 'Es mejor, sí'. Lo firmó y se lo devolvió al fan. Ahora debe de circular un picasso falso con la firma auténtica».