Ferran Adrià se sentó ayer ante una jueza de Barcelona para defenderse de la demanda civil interpuesta por los hijos de su exsocio, el empresario catalán y filántropo Miquel Horta, a quien le compraron en el 2005 el 20% del restaurante El Bulli. Los demandantes sostienen que Adrià y Juli Soler (que ha sido eximido de declarar al encontrarse incapacitado por enfermedad) engañaron a su padre, que padece una dolencia mental, para comprarle las acciones a un precio más bajo que el real y ahora reclaman 10 millones de euros, ocho veces más del precio pactado en su día. El juicio durará tres días.
Ferran Adrià, minutos antes de empezar el juicio en la Ciutat de la Justícia de Barcelona, ayer. JOAN CORTADELLAS
Información publicada en la página 62 de la sección de Gente de la edición impresa del día 30 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Jofre y Sergi Horta, los hijos del empresario, que fue dueño de la firma Nenuco, presentaron en junio del 2008 la demanda contra Adrià y Soler porque entendían que su padre fue estafado al ocultarle los que eran sus socios los beneficios y actividades paralelas que realizaban a través de sociedades interpuestas. El cocinero negó ayer todas las acusaciones. Empezó diciendo que Miquel Horta «estaba informado de todo» lo que hacían y que todos los beneficios de las labores que emprendía eran para El Bulli.
La amistad entre el empresario y el chef, según explicó, se remonta a 1992. Al año siguiente, en plena crisis, el empresario les ayudó económicamente y luego entró a formar parte como accionista de El Bulli con su hermano Federico. Los dos se quedaron con el 20% del negocio. Además, Horta, actuó, según Adrià, como «un banco», prestándoles dinero al 11% de interés. «Puso 47 millones de pesetas en 1994 y cobró 200 millones de pesetas por sus acciones en el 2005, una rentabilidad del 35%», afirmó Adrià. De forma contundente añadió: «Esto no es ser mecenas, a esto se llama negocio». «Yo no tenía ninguna necesidad de que Horta vendiera, él pidió ayuda porque necesitaba dinero», apostilló.
Cuando Horta entró como socio, El Bulli no tenía fama mundial. Pero en 1996, en Francia, Adrià fue proclamado el mejor chef internacional y las cosas cambiaron. «No teníamos ni para comprar un coche. Con Juli trabajábamos 330 días al año, 15 horas al día», alegó el chef. Su sueldo era de 40.000 euros hasta que, en el 2003, cuando ya tenían las inversiones pagadas, se lo subieron.
EL EJEMPLO DE MESSI / El cocinero explicó que hasta el 2004 todos los beneficios que obtuvo por sus actividades particulares las reinvirtió en el restaurante y defendió la licitud de los 300.000 euros que cobró a partir de esa fecha en concepto de los derechos de imagen, ya que tanto Soler (percibió otros 300.000) como él habían generado por ello 3,6 millones de euros. «¿Se imagina que todo lo que cobra Messi de Nike y otros sitios fuera para el Barça?», puso como ejemplo el cocinero.
En el juicio declaró la mujer de Horta, quien afirmó que Soler y Adrià «obligaron a firmar» a su marido para que les vendieran la parte del restaurante. Según su versión, en el 2005 su marido estaba mal por el transtorno bipolar que padece, pero al salir de El Bulli le «destrozaron la vida». «Lo echaron. Estaba coaccionado», balbuceó entre lágrimas.