En Hollywood no escasean los ejecutivos que deben escuchar bromas sangrantes por haberse equivocado en sus augurios sobre un actor al que no vieron futuro y ha acabado siendo una megaestrella. Posiblemente nadie las sufrió más que el ya fallecido Norman Levy, el hombre que, como vicepresidente de Fox, después de ver un pase de 'Ir a perderlo... y perderse', sentenció: "La película nunca se venderá y Tom Cruise jamás será un actor importante".
Tom Cruise y Katie Holmes, el 19 de marzo del 2010, en un partido de baloncesto de la NBA. ARCHIVO / AP
Cierto que aquella comedia de Curtis Hanson que Cruise rodó con solo 19 años fue un estrepitoso fracaso. Pero llegó a las salas. Y su protagonista, que ya había empezado a dar que hablar en Hollywood, tras rodar en 1980 junto a Sean Penn y Timothy Hutton Taps. 'Más allá del honor' es hoy, cuando este martes cumple 50 años y sin lugar a dudas, lo que Levy pensó que nunca sería.
La ambición de Cruise en el cine le ha llevado a ganar ríos de dinero, pero también --junto con su pertenencia a la cienciología-- le ha pasado factura en la vida privada. La separación de Katie Holmes, anunciada el pasado viernes, confirma que para él el cine es lo primero. Ella, insinúa la prensa rosa, se habría hartado de ser una madre soltera, con su marido siempre rodando por ahí, y por eso pidió el divorcio.
Pero si la importancia de Cruise se traslada a números, la cifra clave es 7.000, los millones de dólares que sus películas han recaudado en todo el mundo. Casi 700 millones los ha logrado solo con 'Misión Imposible. Protocolo fantasma', la cuarta entrega de la saga donde, como de costumbre y pese a que el reloj biológico sigue avanzando (aunque su aspecto permitiera jurar lo contrario), ha vuelto a realizar todas sus escenas de acción, incluyendo el vertiginoso salto desde el rascacielos más alto del mundo, la torre Burj Khalifa de Dubái.
No sorprende en alguien que de pequeño se embarcaba en arriesgadas aventuras para pavor de sus tres hermanas y su madre (el padre fue una figura ausente). O de quien a los 12 años se compró su propia moto. O de quien tras rodar 'Top Gun' aprendió a pilotar aviones. Ni de quien pasó un año entrenando para manejar su arma en 'El último samurái'.
Si se busca la relevancia de Cruise en los nombres de directores que le han escogido para crear personajes, hay donde elegir. La lista incluye desde Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Oliver Stone, Sidney Pollack, Neil Jordan, Stanley Kubrick, Michael Mann, Ridley Scott y Steven Spielberg hasta Paul Thomas Anderson, Cameron Crowe,J. J. Abrams y Bryan Singer.
Se puede también tomar como guía de su relevancia la Academia de Hollywood, que tres veces ha nominado a Cruise al Oscar: Primero en 1990 por su interpretación del veterano de Vietnam Ron Kovic en 'Nacido el 4 de julio' (aquel año ganó Daniel Day-Lewis por 'Mi pie izquierdo'); siete años más tarde como el agente deportivo 'Jerry Maguire' (el ganador fue entonces Geoffrey Rush por 'Shine') y la última vez en el 2000 como actor de reparto por su memorable creación del gurú de la autoayuda macho-sexual Frank T. J. Mackey en 'Magnolia' (ganó Michael Caine por 'Las normas de la casa de la sidra').
Hay algo, no obstante, que escapa a esas explicaciones, un intrínseco conocimiento de Hollywood y de sí mismo que hacen que aquel muchacho nacido en Syracuse (Nueva York) que hacía los más variopintos trabajos para ahorrar e ir al cine, que pasó por un seminario franciscano y que se hizo carne de forro de carpetas escolares con 'Top Gun' siga siendo uno de los pesos pesados de la industria, incluso cuando sus excentricidades personales amenazaron con apearlo de la categoría estrella.
Los saltos en el sofá del plató de Oprah Winfrey en el 2005 para expresar su euforia por su relación entonces naciente con su actual esposa, Katie Holmes, y una entrevista en la NBC donde desató los ataques a la psiquiatría y a los antidepresivos habituales de su controvertida religión, la cienciología, colocaron a Cruise, la estrella, en una situación inédita.
Un año después, Paramount rompió su relación de 14 años con el actor, que también había instalado en el estudio su productora con su socia Paula Wagner. Y lo que el presidente de Viacom, la matriz de Paramount, dio como argumento para explicar la decisión fue la desvalorización de la marca Cruise por sus controvertidas actitudes y opiniones (aunque hay quien cree que a Paramount le pudieron más los intereses económicos, perjudicados por el talento negociador de Cruise).
La crisis fue, pese a todo, un espejismo. Al año siguiente, Cruise y Wagner se aliaban con MGM para crear el nuevo United Artists (el estudio que fundaron D.W. Griffith, Charles Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanks). Llegaba a las pantallas 'Misión imposible III', taquillazo de casi 400 millones de dólares. Cruise se ponía en el 2007 a las órdenes de Robert Redford. Y un año después no solo lograba estrenar tras varios avatares 'Valkiria' (a cuyo rodaje en instalaciones militares en Alemania las autoridades pusieron reparos por la cienciología, que consideran una secta peligrosa) sino que daba una desternillante sorpresa con un pequeño papel satírico de ejecutivo de Hollywood en 'Tropic thunder'.
"Siempre he querido hacer las películas que quería hacer, que los estudios ganaran dinero para que me dejaran hacerlo otra vez y ver al público disfrutar", afirma Cruise en una entrevista publicada en el último número de 'Playboy', restando importancia a la enorme atención que genera su vida personal. "Intento mantener la cabeza baja y simplemente hacer un buen trabajo".
Cruise ha vuelto a sorprender ahora con su última creación, el rockero Stacey Jaxx, uno de los protagonistas de 'Rock of ages'. Y aunque la versión cinematográfica del musical de Broadway ha dejado mayoritariamente fría a la crítica y no ha sido gran imán de espectadores, pocos cuestionan el trabajo del actor, que pasó meses entrenando cinco horas diarias su voz con un antiguo cantante de ópera, que preparó también a Axl Rose y ha acabado cantando, por primera vez (y nada menos que ocho canciones). Hasta Joe Elliot, el cantante de Def Leppard, se rindió a los talentos de Cruise cuando le vio interpretando 'Pour some sugar on me'.
No es la primera vez que Cruise logra algo así. Tras denostar inicialmente la elección del actor para dar vida a Lestat de Lioncourt en 'Entrevista con el vampiro', Ann Rice, la autora del libro, pagó dos anuncios a toda página en 'Variety' para desdecirse y alabar la interpretación. Y aunque algunos han criticado su elección para dar vida en uno de sus próximos proyectos a Jack Reacher, cuestionando entre otras cosas que el actor de 1,73 metros encarne a un personaje que la novela 'One Shot 'describe como de 1,93, el autor Lee Child ha afirmado tras ir al rodaje: "Tom hará un buen trabajo".
"Ahora creo que no hay nada que Tom Cruise no pueda hacer", ha dicho Adam Shankman, su director en 'Rock of ages'. "Si alguien le dice que interprete a un búfalo invisible lo hará con éxito. Probablemente dirá 'dame algo de tiempo, déjame trabajar en ello', y sucederá".
Cruise ha sido descrito como dominante, agresivo y controlador. Esos adjetivos se encuentran, por ejemplo, en la criticada biografía no autorizada que firmó Andrew Morton, la misma en la que, a la vez que se alejaban los rumores sobre su supuesta homosexualidad, se sugería que fue el esperma congelado del fundador de la cienciología Ron L. Hubard y no el suyo el que engendró a Suri, su hija con Katie Holmes.
Él, sin embargo, se define como alguien empeñado en trabajar y superarse. Lo hacía cuando aún era un joven cuya imagen para muchos era la de 'Risky business', bailando en calzoncillos, camisa y gafas de sol al rito de Bob Seger. "Estoy trabajando hacia el espectro más amplio de lo que puedo ser como artista --le decía a Cameron Crowe en una entrevista para 'Interview' a principios de los 80-- y me dejo la piel intentándolo porque sé lo que quiero ser".
Tres décadas más tarde, se puede decir que lo ha logrado. Y que no tiene intención de aflojar. En 'Playboy', Cruise recuerda estar tumbado en la cama de un hotel durante el rodaje de 'Taps', la que considera su primera película (aunque tuvo un pequeño papel antes en 'Amor sin fin', de Franco Zefirelli). "Pensaba cuánto amaba lo que estaba haciendo. Lo había querido desde que tenía 4 años y ahí estaba, pensando que si daba lo mejor de mi quizá podría hacer esto el resto de mi vida --cuenta--. Llegar a los 50 cuando sigo haciendo esto está bien. El 3 de julio estaré en Islandia, rodando el día de mi cumpleaños. Mi familia lo entiende". Eso lo dijo, claro, antes de que se hiciera pública su separación. Katie se cansó de entender.