Juli Soler, socio y director de El Bulli de los últimos 30 años, padece una enfermedad neurodegenerativa diagnosticada este mes de octubre, según un comunicado que ha hecho público su familia. Desde su llegada en 1981, se ha convertido en una figura imprescindible de lo que ha sido uno de los restaurantes más influyentes de la historia. Soler fue ni más ni menos quien fichó a Ferran Adrià, y juntos aguantaron el negocio en épocas difíciles y revolucionaron la experiencia del comensal en un restaurante de alta cocina.
Durante el cierre de El Bulli, Soler (Terrassa, 1949) no ha acaparado portadas, titulares ni entrevistas, manteniéndose, como siempre, al margen con discreción. Pero nadie olvida que es una figura imprescindible en la historia del restaurante más famoso de todos los tiempos. Fue él quien recogió el testigo de los fundadores Hans y Marketta Schilling y quien creyó en un proyecto imposible, el que inventó técnicas de servicio de sala nunca antes llevadas a cabo.