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Álbum de otras embarazadas célebres que se fotografiaron como Shakira

Desde el emblemático desnudo de Demi Moore preñada, un incontable número de famosas han seguido su estela. Son las nuevas Venus de la fertilidad.

EMMA RIVEROLA / Barcelona

Domingo, 20 de enero del 2013 - 10.47 h

  • Demi Moore.

  • Cindy Crawford.

  • Britney Spears.

  • Monica Bellucci.

Los tallistas de las Venus paleolíticas exageraban los atributos femeninos hasta convertirlos en los rasgos únicos de las pequeñas estatuillas. Algunas interpretaciones las entienden como primitivas diosas de la fertilidad. Desde aquellos tiempos a la actualidad, han nacido millones de niños, el cuerpo de la mujer ha sido amado y odiado, adorado o castigado por infinidad de culturas y religiones, pero una actitud ha prevalecido: el vientre henchido de una mujer embarazada se acerca a la sacralidad. Quizá porque por mucha sabiduría que la humanidad acumule, no deja de sorprender que ahí, en esa cavidad tibia y húmeda, pueda concebirse una vida.

Cuando en 1991 Demi Moore desnudó su embarazo para 'Vanity Fair', estaba alumbrando una nueva etapa en el culto a las embarazadas. En su exhibición orgullosa parece esconderse la ilusión de ser madre, pero también la firme determinación de seguir siendo mujer. Una atractiva mujer independiente.

Aquella simbólica fotografía de Annie Leibovitz originó polémica y fascinación a partes iguales. Desde entonces, son incontables las famosas que han desvestido su preñez ante las cámaras. Unas se destapan más, y otras, menos. Algunas adoptan un rol más maternal y otras perseveran en su imagen más sexy, pero todas parecen prestarse con entusiasmo a convertir su embarazo en una cuestión pública.

¿Orgullo? ¿Vanidad? ¿Simple fin mercantil? Quizá unas gotas de todo y también la íntima necesidad de dejar testimonio gráfico de un momento innegablemente extraordinario. Durante unos meses, el cuerpo se transforma como si unas manos modelaran una figura de plastilina. Semana a semana, el abdomen se abulta, los pechos aumentan de talla, las caderas se redondean y la piel, al límite de su elasticidad, va cediendo ante ese nuevo latido que, cada vez más con más potencia, emerge del vientre. De repente, la extraña sensación de ser algo parecido a un recipiente, una vasija de carne y hueso. Continente y, a la vez, creadora de vida. Habitante y habitada.

Pero no hay que engañarse. Estas imágenes son también el rostro más amable del embarazo. Tras esas sonrisas perfectas no hay rastro de náuseas, ni vaivenes emocionales, ni cansancios ni temores.

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