Hablábamos el pasado domingo de las manos mágicas de Fernando Alonso ¿lo recuerdan? Pues no han dejado de crecer y crecer, de convertirse en magistrales, en divinas, en únicas. Hoy, en Sepang, en la lluviosa y calurosa Malasia, allí donde el bicampeón español logró sus primeras conquistas, donde empezó a demostrar su enorme valía, en el 2003, con su primera pole position y su primer podio, ha repetido su tercera victoria, sumado la séptima con Ferrari y llegado a la número 28 de su carrera.
Todo, todo, se lo debe Ferrari a Alonso. Felipe Massa, con el mismo coche (ahora no hay favoritos allí dentro, nunca a la hora de empezar el campeonato), ha terminado en el puesto 15º, con eso está todo dicho. Cierto, el equipo de Maranello, que ha recibido, como no, con una pizarra que ponía "Mágico" el pase por meta de su piloto, ha hecho un trabajo impecable, tanto en la estrategia como en el cambio de ruedas. Atrás quedan sus decisiones desastrosas del pasado, que lastraron las opciones del bicampeón asturiano.
Pero ha vuelto a ser Alonso el que ha demostrado que, en condiciones extremas, cuando las manos, la sensibilidad, la cabeza, el pálpito del corazón, la sensatez, la experiencia, el tacto, cuenta más que la potencia del motor o la sofisticada aerodinámica de los coches virtuosos, él se convierte en decisivo. Pidió lluvia y caos antes de empezar. Arrancaba muy atrás. Vino el agua, hasta el diluvio y se produjo el caos, la incertidumbre. Y de nuevo ahí apareció el pilotazo que es Alonso, sin duda, el mejor de la parrilla.
Empezó la temporada sin querer perder puntos, lastrado por un coche que ideó Ferrari que no está, aún, a la altura de los McLaren, Red Bull, Mercedes, Sauber o Lotus (le costó Dios y ayuda meterse el sábado en la Q3, la tanda definitiva de calificación) y aspirando, a lo sumo, a meterse en el podio con mucha suerte. Resistió en Melbourne, acabó detrás de los buenos-buenos y hoy, en Malasia, su trazado talismán, ha ganado, convirtiéndose en el líder del Mundial rompiendo, como siempre ha hecho a lo largo de su triunfal carrera, todos los pronósticos, incluso de aquellos que creen saberlo todo.