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La clave

Juancho Dumall

Director Adjunto

Señorías, el bipartidismo ha muerto

@JuanchoDumall

Jueves, 16 de mayo del 2013

Todas las encuestas recientes pronostican el fin del bipartidismo en España, o lo que es lo mismo, un terremoto en el sistema político vigente desde el hundimiento de la UCD, en 1982, según el cual solo dos formaciones, el PSOE y el PP, pueden gobernar. De hecho, entre socialistas y populares obtenían hasta ahora una aplastante mayoría de los votos. En las últimas elecciones legislativas celebradas en el 2011, tras cuatro años de crisis, sumaron el 73% de las papeletas. Pero los nulos resultados de las políticas de Rajoy para crear empleo, unidas al pésimo recuerdo de la gestión final de Zapatero, han hecho que el respaldo a esos dos grandes partidos se desplome, hasta el punto de que, de confirmarse los resultados que prevén los sondeos, nos encontraríamos con un Parlamento muy fragmentado y en el que ni el PSOE ni el PP podrían gobernar en solitario.

¿Qué ocurrirá entonces? Catalunya, donde el bipartidismo imperfecto se ha mantenido durante décadas hasta fenecer, da algunas pistas. Las dos grandes formaciones catalanas, CiU y PSC, obtuvieron el 50% de los votos en 1980, 77% en 1984 y 1988, 73% en 1992, 65% en 1995, 68% en 1999. Y ahí empezó la imparable decadencia: 62% en el 2003, 58% en el 2006, 56% en el 2010 y 45% en el 2012. Resultado: hubo dos legislaturas con gobiernos tripartitos y dos más con mayorías insuficientes de CiU, con los consiguientes problemas de gobernabilidad y de dificultades para aprobar leyes y presupuestos.

Si el espejo catalán sirve de algo, socialistas y populares deben prepararse en España para practicar las coaliciones, los pactos de legislatura, la búsqueda constante de acuerdos. Algo no muy extendido en la cultura política española.

Cansancio del régimen

Tanto Rubalcaba como Rajoy creen que la súbita caída en la intención de voto que padecen es un fenómeno que pasará con la recuperación económica. Pero existe un problema estructural, de cansancio de un régimen gastado. Y eso nos lleva a fórmulas de gobierno más abiertas e inestables, a coaliciones casi imposibles con presencia de pequeños grupos, algunas de las cuales invitan a irse al exilio.

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