Como defensa que es, ha salido a despejar todas las polémicas que pudieran plantearle los periodistas en la rueda de prensa. Y, como en el campo no se conforma solo con rechazar balones, sino jugarlos hacia adelante, Gerard Piqué asume, sin complejos, que la selección española no defiende el título. Va salir al ataque para para revalidarlo.
Gerard Piqué, durante la rueda de prensa que ha ofrecido hoy la localidad polaca de Gniewino. JUAN CARLOS CÁRDENAS | EFE
"Aunque a mucha gente no le gusta ser señalado como el favorito, como el primerísimo favorito, a mí ese papel me encanta", ha explicado hoy en la concentración de España. Acostumbrado a que esa es, precisamente, la situación con la que convive en el Barça, tras conquistar 14 títulos en cuatro años, el defensa entiende que se desborde la ilusión -- "si después de ganar una Eurocopa y un Mundial no hay euforia, apaga y vámonos", ha dicho-- y alimenta la esperanza de una sociedad en crisis: "Solo pido que la gente confíe en nosotros, porque no les fallaremos".
Tampoco ha fallado hoy ante los micrófonos, sabiendo que le preguntarían por su mala relación con Sergio Ramos. Ni un desliz se ha permitido en la tribuna donde estaba sentado, al lado de Fernando Llorente. Ha negado las divergencias, "que siempre se exageran desde fuera", pero ha catalogado que las diferencias que brotaron hace dos temporadas en los repetidos duelos entre el Barça y el Madrid ya forman parte del pasado. En cualquier caso, Piqué sabe discernir "el papel" que juegan cada futbolista en sus respectivos equipos y en la selección.
Ahora, Piqué podría sentirse desamparado, solo. Puyol no está. "Claro que le echo de menos, es casi un hermano para mí", ha reconocido, pero sin dejarse invadir por la nostalgia. En cualquier caso, se alegra al ver corretear un nuevo amigo que podría incorporarse al Barça: Jordi Alba. "Estoy alucinado con él", ha confesado Piqué. "Veía por la tele que era un jugador rápido, pero aquí veo que es una verdadera bala con una gran habilidad para sorprender". Con el lateral valencianista se repite la experiencia que vivió Cesc en el Mundial de Suráfrica. Por entonces, las diferencias entre el Barça y el Arsenal eran mayores que las que separan al Barça del Valencia. "No le presionaremos, que se centre en la Eurocopa y que decida él", ha afirmado Piqué. A Cesc, de regreso a España en el 2010, le colocaron la camiseta azulgrana en las celebraciones y tardó un año en ponérsela de verdad.