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Ernest Folch

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Discursos y más discursos

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Jueves, 3 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Probablemente por culpa de nuestra situación política extremadamente peculiar, los catalanes nos dedicamos a explicar por el mundo por qué somos como somos. Vayamos a donde vayamos, habrá pasado siempre antes un compatriota a explicar que el catalán es una lengua y no un dialecto, que Catalunya es una de las naciones más antiguas de Europa, que la literatura catalana puede hablar de tú a tú a las más importantes del mundo. Una de las cruces de ser catalán es que, nos guste o no, nos vemos obligados a explicar casi a diario qué somos, quiénes somos y adónde vamos. Hemos tenido que argumentar lo mismo tantas veces en tantos sitios distintos, y con la certeza de que todo lo que explicábamos era normalmente un exotismo para el sufrido interlocutor, que el país entero ha desarrollado un sexto sentido, este sí diferencial, que es el de la retórica identitaria. Los 'fets de setembre', como los bautizó felizmente Bru de Sala, no hicieron sino exacerbar este sentimiento pedagógico nacional, que nos convierte probablemente en los más pesados ¿¿de toda Europa.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, durante su intervención en el Parlament, el 20 de diciembre. TONI ALBIR | EFE

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Información publicada en la página 64 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 03 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

El género del momento

La manía pedagógica de siempre se ha convertido en una pasión nacional para el género del momento: los discursos políticos. Todo lo que en el resto del mundo se considera aburrido y superfluo, que son las palabras de los dirigentes, en Catalunya tiene categoría de género estrella. Entrevistas a políticos con récords de audiencia, mítines abarrotados en la última campaña electoral, sesiones parlamentarias retransmitidas por Twitter como si fueran partidos del Barça: esto solamente es posible en nuestro país. Todo empezó con el célebre discurso de Artur Mas en Madrid tres días después del 11-S, y desde entonces el fenómeno se ha repetido incansablemente: hace escasos días provocó una gran impresión el estreno de Oriol Junqueras en el Parlament, de memoria y sin leer nada. Los discursos se celebran como si fueran goles, y en la euforia por la forma se destacan todo tipo de metáforas, algunas por cierto ya muy gastadas, como las náuticas y otras pesadas derivadas. En el tradicional mensaje de fin de año, el 'president' de la Generalitat fue aclamado por decir que «no hay proyecto nacional sin proyecto social». En medio de tanta celebración verbal, a más de uno le pasó por alto que la frase no solamente era una concesión a ERC sino que era una enmienda completa a las políticas del Govern de la Generalitat de los últimos dos años. El 25-N obligó a un espectacular enderezamiento ideológico del Govern, obligado a un viaje abrupto del neoliberalismo a la socialdemocracia, que quedó ejemplificado en este sobrevenido y sonoro "social" del discurso de Mas.

La retórica es maravillosa, pero exaltarla es una vieja táctica para tapar el contenido. Es verdad, Catalunya es hoy la sede mundial de los discursos en un momento en que ya no es sede de casi nada. Pero no olvidemos lo más importante. Que los árboles de la forma no nos impidan ver el bosque del fondo.

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