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"La atención plena me salvó; es mi Prozac"

Valerie Mason-John es 'coach' en la superación de adicciones. Sabe de lo que habla: creció entre el orfanato y la calle y sufrió anorexia extrema

Valerie Mason-John, en el convento de Sant Agustí, en Barcelona. 

Valerie Mason-John, en el convento de Sant Agustí, en Barcelona.  / JUAN LUIS ROD

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Olga Merino
Olga Merino

Periodista y escritora

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Nacida en Inglaterra con raíces en Sierra Leona, Valerie Mason-John (Cambrigde, 1962) visitó la semana pasada Barcelona para hablar de su libro 'Mindfulness y las adicciones' (editorial Siglantana).

-Cuando tenía 26 años, me di cuenta de que la plasticidad de mi cerebro había cambiado a consecuencia de la cocaína. Estaba perdiendo capacidad lógica e intelectual; fue entonces cuando, de la mano de unos amigos, me inicié en la meditación y, después, en el budismo. Eso me cambió la vida.

-¿La salvó? -Me crié en orfanatos y en la calle. Me metieron en la cárcel a los 15 años por robar en las tiendas. Algunos de mis amigos murieron por las drogas. Yo me escapé de eso gracias al mindfulness (atención plena), que viene a ser mi Prozac. Solo tomo vitaminas.

- Llegó a estudiar en la universidad y es doctora. ¿Su caso fue milagroso? Yo lo llamo el milagro del mindfulness, una disciplina que implica aprender a respirar bien, regresar al cuerpo y al momento presente, cultivar el amor y la amabilidad y desarrollar un comportamiento ético.

- Intentó suicidarse. Vivía en el orfanato cuando, a los 11 años, me mandaron a Londres a vivir con mi madre biológica, a quien no conocía. Fue traumático… Mi madre me lanzaba cuchillos y, al final, la llevaron a juicio.

- Terrible. Me llevaron de nuevo al orfanato, y a los 13 intenté quitarme la vida. Pero fue eso, una tentativa: creo que lo que demandaba era atención. Años después, lo intenté de nuevo; esta vez, en serio.

- Ha encadenado situaciones muy duras. Lo peor fue el infierno de la anorexia y la bulimia, el ciclo perverso de los atracones, las purgas, el provocarme los vómitos para matarme luego de hambre…

- Al mismo tiempo, trabajaba. Era una periodista de éxito que, sin embargo, padecía una enfermedad secreta. Iba tirando a base de cocaína y champán, pero en mi vida íntima me mostraba incapaz de alimentarme; siempre hallaba la excusa para ir al wáter a vomitar. Era dueña de lo que llamo un «corazón tóxico».

- ¿...? Acumulaba rabia y rencor; llegué a odiar a mi madre. El 'mindfulness' me hizo detectar que me estaba odiando a mí misma

- ¿Cuál es la adicción más difícil? Mire, el dolor moral es siempre dolor, sea cual sea su origen. Lo mismo sucede con las adicciones, ya sean al sexo, al juego, al alcohol o a la comida. En mis cursos suelo decir que el  'stinking thinking' (el pensamiento negativo) también es una adicción.

- Explíquelo, por favor. "Tengo una adicción, estoy enganchado, no puedo dejarlo", te insisten hasta que se dan cuenta de que su forma de actuar añade sufrimiento. Es clave transformar nuestras palabras y acciones. Por ejemplo, si eres un alcohólico, puede que durante un año no puedas asistir a ninguna fiesta o acto social; sabes que si vas, beberás. Has de cambiar tus hábitos. Yo tuve que hacerlo.

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- ¿Esta época facilita las adicciones? Sí. Cuando vivíamos en las cavernas, nos limitábamos a comer los animales que cazábamos. En cambio, la felicidad se basa ahora en la posesión sin dar valor alguno a las cosas; a la que el móvil tiene un rasguño, ya lo tiramos. Vivimos en una era de codicia, ansia y deseo de consumir.

- Tampoco tienen fronteras. En países como India, es altísima la adicción al alcohol y al tabaco, mientras que en Europa y EEUU existen, además, las drogas, el sexo, el juego o los desórdenes alimentarios. La adicción es transversal.