Un lector ofrece su punto de vista sobre el conflicto de Mali

"La 're-evolución' no violenta es posible, aunque no sea rentable para algunos", argumenta un lector en una carta a EL PERIÓDICO

Sábado, 26 de enero - 17:52h.

LOS INTERESES EN MALI

La intervención internacional para desalojar a los grupos de Al Qaeda del norte del país puede parecer, en principio, inevitable. Pero analicemos el trasfondo de este asunto. El petróleo y gas son el reclamo para las potencias occidentales en Mali (coltán en Congo, uranio en Niger). Francia y EEUU mueven los hilos para controlar estos recursos. Lo más sensato hubiera sido fomentar el diálogo entre la oligarquía centralista maliense y los tuareg. Sin embargo, EEUU se adiestró a ambos bandos, enfrentados en una guerra que beneficia el comercio de armamento occidental y permite explotar posteriormente los recursos. Amadou Sanogo, el capitán que encabezó el golpe de estado del 22 de marzo en Mali, había participado en USA del Programa de Entrenamiento Militar Internacional Americano, patrocinado por el Departamento de Estado.

Por otro lado, militares tuaregs fueron adiestrados en Mali durante los últimos 4 años mediante un programa que costó más de 500 millones de dólares a EEUU. El escenario de guerra y sus contrincantes habían sido sabiamente preparados. El capitán Sanogo estalló junto al ejército centralista de Bamako, mientras los batallones tuareg del norte se declararon independientes. Servicios secretos occidentales previeron que grupos cercanos a Al Qaeda (producto de ingeniería USA-Arabia Saudí) en el Sáhara los apoyarían. Nada importan los millones de desplazados en medio de la sequía y hambruna que asoló el Sahel los 3 últimos años... Se planificó todo con la misma sangre fría con que Francia apoyó en 1.987 la trama golpista que derrocó a Tomás Sankara en Burkina Faso, quien fomentó la industria nacional frente a los intereses multinacionales galos.

Una vez más, la táctica clásica de generar conflictos: primero destruyen un país, para luego reconstruirlo con las propias empresas occidentales. Desde sectores conservadores se enfatiza la crueldad de los terroristas de Al Qaeda, sin señalar al doble juego neocolonialista: un terrorismo de estado que enriquece a los países “civilizados”, a costa de millones de víctimas inocentes en los países del Sur. No es suficiente una acción armada. Occidente debería renunciar a su comercio de armamento, su complicidad con las oligarquías del Sur al explotar a sus ciudadanos, a falacias ruínes (armas de destrucción masiva en Irak o el “invento” Al Qaeda como marioneta cómplice de este maquiavélico esperpento).

Entonces, los yihaidistas -recrudecidos los últimos años tras la cruzada de Bush- podrían plantearse el no radicalizar su posición respecto a Occidente, y rechazar también la violencia, en un esperanzador escenario de Cooperación Internacional. Seres humanos, todos, buscando la paz y la justicia. Se puede evolucionar con humildad, no es una quimera¿ La locura institucional normalizada consiste en dejar de vislumbrar un mundo nuevo, para acatar la injusticia y la violencia consuetudinaria. La 're-evolución' no violenta es posible, aunque no sea rentable para algunos...

Julio Tapia (Presidente Asociación Ayuda Urgente a África)

Málaga

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