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«Todos los que trabajan en la obra son sordos»

Alícia Sort, sorda de nacimiento, dirige un inédito montaje de 'Diez negritos' "al revés": con actores sordos, en lengua de signos y accesible a oyentes

«Todos los que trabajan en la obra son sordos»

JOAN CORTADELLAS

Viernes, 2 de junio del 2017

¿Cómo empezó todo esto? Justamente: con una función de 'Diez negritos', una en la que Alícia Sort estaba entre el público. «Recuerdo que en el teatro mi madre estuvo todo el rato traduciéndome la obra. A mí me dio qué pensar, y el año pasado, que fue un año sabático para mí, me dije: por qué no hacer la misma obra pero al revés; por qué en lugar de hacer una obra accesible para sordos no hacemos una accesible para oyentes». El resultado es un 'Diez negritos' interpretado por actores sordos, un novedoso experimento que se podrá ver en doble sesión mañana en Barcelona, en la sede de los Lluïsos de Horta.

-Para entendernos: es Diez negritos en lengua de signos con traducción simultánea al catalán, ¿no?

-Exactamente. Habrá 10 actores sordos en el escenario y cinco intérpretes de lengua de signos a cargo de dos papeles cada uno.

-Todo un reto, ¿no?

-Lo más complicado fue eso, justamente, la elección de los intérpretes. Como yo soy sorda, no puedo saber cómo son sus voces, y sus voces son importantísimas para la obra.

-¿Y entonces?

-Entonces tuve que delegar esa parte tan delicada, pero la delegué en una persona de la máxima confianza, Laura Bada, que tiene una gran experiencia como intérprete de signos y además es mi prima. Crecimos juntas y ella me conoce perfectamente, sabe lo que quiero y lo que es importante para mí.

-Diez actores sordos. Cuénteme, ¿dónde suelen trabajar? ¿Hay oportunidades para los actores sordos?

-No solo los actores, todos los que trabajan en la obra son sordos. Excepto los cinco intérpretes de lengua de signos y el coordinador de sonido, que es Pablo Navarro, los demás son sordos: luces, decoración, vestuario, todos. ¿Dónde suelen trabajar?

-Sí.

-Como usted dice, no hay muchas oportunidades. En la obra hay un responsable de decoración que tiene 45 años que es excepcional, sabe mucho, es una pasada hablar con él, ¿y cómo se gana la vida? Como profesor de lengua de signos. La gente ve a una persona con discapacidad, aunque tenga muchas habilidades, y se echa para atrás.

-¿Se ha podido guiar por experiencias anteriores? ¿Alguien que hubiera hecho lo mismo?

-Lo que sobre todo se ha hecho son obras de sordos para sordos. Pero una obra planteada así, accesible para personas oyentes, de esta manera, digamos, seria, es la primera vez que se hace. Vamos a ver qué pasa. Sé que mucha gente sin vínculos con la comunidad sorda ha comprado entrada.

-Entonces es una novedad para los actores, ¿no?

-Hay una actriz que dice que es la primera vez que actúa para todo tipo de público, y claro, dice que le produce respeto.

-Cinco intérpretes, ¿no? Usted qué opina, ¿debería haber más intérpretes en las obras en las que la accesibilidad es al revés, las que son accesibles para sordos?

-Mire, hay muchas experiencias accesibles para sordos, pero funcionan mal. Suele haber uno o dos intérpretes, y la persona sorda que está entre el público tiene problemas, por ejemplo, para saber quién habla en cada momento. Uno de los objetivos de hacerlo al revés es que las personas sordas puedan disfrutar plenamente de la obra.

-Al estar, en términos de accesibilidad, planteada «al revés», habrán surgido desafíos particulares, supongo.

-Sí, claro, por ejemplo cuando Pablo, que se ocupa del sonido, me hizo caer en cuenta que había que poner música, porque de lo contrario el público oyente no iba a aguantar. ¡A mí ni se me había ocurrido! Para una persona sorda como yo la música es otra cosa: un movimiento, una vibración. Luces. Humo.

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