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La clave

Enric Hernàndez

Director

De políticos y policías

@Enric_Hernandez

Miércoles, 12 de diciembre del 2012

AFelip Puig los Mossos d'Esquadra le escamotearon un informe sobre la actuación de los antidisturbios el 14-N justamente en la zona donde Ester Quintana perdió un ojo. Días atrás, al conseller de Interior también le cogió de improviso la aparición de un vídeo que desmontaba la versión oficial que él mismo acababa de exponer en el Parlament, según la cual los agentes no habían disparado proyectil alguno en la confluencia del paseo de Gràcia con la ronda de Sant Pere. Entre las dos alternativas, que en sede parlamentaria Puig ocultara deliberadamente información o que careciera de ella el día de su comparecencia, cobra cuerpo la segunda. Pero ni la una ni la otra son buenas noticias para el conseller en la recta final de su mandato, a expensas de la formación del nuevo Govern.

Que unos subordinados, por muy uniformados que vayan, hurten datos relevantes a su máximo responsable político se antoja tan injustificable como que, en plena campaña electoral, se difunda un borrador policial con graves imputaciones contra uno de los candidatos en liza, sin que el ministro del Interior sea capaz de dar fe de su existencia o, al menos, de identificar el origen de tan tóxica filtración. Seguro que si tal cosa sucediera acabarían rodando cabezas, ¿no?

A base de acumular trienios y de asistir a una incabable sucesión de jefes políticos, los funcionarios en general, y los agentes del orden en particular, tienden a conducirse con una autonomía impropia de un sistema democrático de derechos y libertades. Por definición, en democracia el uso la fuerza no es monopolio de quien puede ejercerla físicamente, sino del poder político legitimado en las urnas. Por eso cualquier exceso debe ser depurado de raíz, se cometa en el fragor de una refriega callejera o en la oscuridad de un calabozo.

Las lisonjas del pasado

En la oposición, CiU regaló los oídos a los Mossos para desgastar a Joan Saura, y luego Puig los ha protegido tanto que hasta apoyó el indulto de cuatro condenados por torturas. Ahora que aquellas lisonjas le están pasando factura debe demostrar si ha aprendido que proteger no equivale a encubrir.

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