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La clave

Enric Hernàndez

Director

La política en el lodazal

@Enric_Hernandez

Miércoles, 28 de noviembre del 2012

Filesa, Treball, Turisme, Pujana, Pallerols, Estevill, Terres Cavades, Pretoria, Palau de la Música, ITV... Los escándalos de corrupción, presunta o probada según los lustros transcurridos desde su estallido, se amontonan en la hemeroteca de los horrores catalanes sin que los partidos hagan nada para combatir tanta inmundicia. Al PSC de Pere Navarro, a duras penas recuperado del revés electoral del 25-N, le estalló ayer otro caso, bautizado como operación Mercuri. A partido flaco...

Como primer balance de daños, la imputación de dos pesos pesados del PSC, claves en la entronización de Navarro: su secretario de organización y jefe de la campaña del 25-N, Daniel Fernández, y el secretario de Política Municipal, Manuel Bustos. Ambos fueron ayer suspendidos de sus cargos del PSC, aunque este último seguirá como alcalde de Sabadell,

supuesto foco de la infección.

Más vale no hacer muchas conjeturas sobre la evolución penal de este asunto, habida cuenta de que golpes judiciales de mayores proporciones, como el Pretoria o el del Palau de la Música, continúan hoy, tres años después, en fase de instrucción. También entonces hubo registros policiales, intervenciones telefónicas, sonadas dimisiones y penas de Telediario. Pero los legajos sumariales ya amarillean y todavía no se han dictado sentencias.

El pacto tácito

El daño que este escándalo inflige al crédito del PSC solo al PSC le corresponde repararlo. Mas el carácter sistémico de la corrupción agrava el descrédito de la política en su conjunto, y ahí los damnificados somos todos, electores y elegidos,

No es aventurado colegir que existe un pacto tácito entre los partidos, que antes de dotarse de una mejor financiación pública y subir el salario de los gobernantes prefieren blindar su discrecionalidad en la gestión de los recursos públicos. Así se perpetúan en las instituciones; por eso la corrupción apenas aparece en sus debates públicos.

De ahí que, al aflorar el hartazgo social, los grandes partidos retrocedan en favor de fuerzas regeneracionistas o antisistema. O la política sanea su enorme lodazal,o el régimen entero colapsará, arrastrando consigo la democracia.

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