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La clave

Enric Hernàndez

Director

Un Govern de transición (nacional)

@Enric_Hernandez

Viernes, 28 de diciembre del 2012

Un año largo, dos años todo lo más. Esa es la esperanza de vida que algunos de sus integrantes otorgan al Govern ayer constituido por Artur Mas. Aunque muchos gobiernos rondan ese mismo plazo, este tiene la particularidad de que, antes incluso de conformarse, tenía ya fecha de caducidad: el 2014, año en el que, según lo acordado por CiU y ERC para propiciar la investidura del president, Catalunya debería celebrar una consulta de autodeterminación. Estamos, a todos los efectos, ante un Govern de transición, y no solo «nacional».

Si los catalanes deciden su futuro en las urnas, y tanto si el veredicto es favorable a la independencia como si es contrario, resultarán ineludibles otros comicios anticipados. De ganar el , para que otro Govern negociara con España la separación; si se impone el no, para abrir una nueva etapa tras la segura dimisión del president responsable de la consulta.

No es inverosímil que, dentro de un año, Mas y Oriol Junqueras discrepen sobre la urgencia (o conveniencia misma) de promover un plebiscito soberanista de espaldas a (o confrontado con) la legalidad española. Las costuras de la alianza CiU-ERC, apenas hilvanadas por el sueño soberanista, no resistirían que el president renunciase a enhebrar siquiera la aguja del derecho a decidir. Y las bases convergentes, tampoco.

'Pole position' sucesoria

Ya anunció Mas que, una vez celebrada la consulta, no optará a la reelección. Pero, tras el batacazo electoral del 25-N y el audaz pacto con Esquerra, todo indica que, de abortar al fin el plebiscito, tampoco estaría en condiciones de repetir. Y ello explica, en gran medida, la entronización de Francesc Homs como hombre fuerte del Govern.

Autor intelectual del pacto fiscal y rotor del giro soberanista de CiU, a Homs le ha sido confiada la misión de impulsar la «transición nacional» impresa -con el control del déficit- en el frontispicio del Govern. Cobra así ventaja en la pole position de la carrera sucesoria, aun a costa de afrontar más riesgos: si la senda independentista se truncase, su suerte podría correr pareja a la del propio Mas. Transición la habrá sí o sí: o la protagoniza Catalunya, o la padecerá CiU.

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