El candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney, se ha pasado los últimos cinco días compadreando en heladerías, haciendo pasteles y comiendo en pequeños restaurantes de la América profunda. Embarcado en una gira bautizada como Cualquier pueblo importa, Romney ha tratado de acallar esas voces que lo describen como un político incapaz de empatizar o de mantener esas conversaciones intrascendentes que llenan la vida. Y le ha salido regular. Al presentar a dos de sus hijos en un restaurante de Wisconsin, le dijo a la concurrencia: «Los quiero como si fueran míos». Excuse me?
Información publicada en la página 17 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 21 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pero el exgobernador de Massachusetts tiene estos días problemas más serios que su actitud de androide preprogramado o su reputación de multimillonario sin los pies en la tierra. El anuncio de Obama para frenar las deportaciones de casi un millón de jóvenes inmigrantes indocumentados que cumplen ciertas condiciones le ha robado la iniciativa y le ha obligado a buscarse un as en la manga para contrarrestar el guiño del presidente al voto hispano.
Y es que por más que la decisión de Obama fuera electoralista, es una maniobra brillante llamada a borrar la decepción de los hispanos con su presidencia, marcada por un récord de deportaciones y por su incapacidad para aprobar una reforma inmigratoria. Una encuesta de Bloomberg asegura que un 64% de los estadounidenses aprueban la medida, un porcentaje aún mayor entre los independientes (65%).
Apegado al Tea Party
Los latinos son la minoría más numerosa de EEUU y algo más del 8% del electorado. Y aunque tienden a votar demócrata, las diferencias importan. Bush ganó en el 2004 gracias, en gran medida, al 44% de apoyo hispano, 13 puntos más de los que obtuvo McCain cuatro años después. Para Romney las perspectivas son poco halagüeñas. Aún resuena la durísima retórica esgrimida en las primarias, cuando se comprometió a cerrar los resquicios para que los simpapeles puedan echar raíces.
Pero ahora la audiencia ha cambiado y el lunes dijo que aunque la medida de Obama no resuelve el problema, la estudiaría antes de decidir si la revoca. Quizás su opción más directa para atraer a los hispanos pasaría por elegir como vicepresidente al senador por Florida de origen cubano, Marco Rubio, un político joven, carismático y cercano al Tea Party. Ayer dijo estar considerando su candidatura. Y es que Rubio no solo podría ser la llave para Florida, Colorado o Arizona, sino que baraja una reforma inmigratoria que permitiría a los republicanos quitarse el sambenito de partido antiinmigrantes.