El candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mitt Romney, saluda a sus seguidores en un mitin en Denver (Colorado) el pasado lunes. BRIAN SNYDER | REUTERS
Los debates presidenciales pueden cambiar el curso de unas elecciones, pero raramente lo hacen. Y aunque la historia haya dejado pocos momentos de reveses tectónicos, Mitt Romney llega a la cita de esta noche con la necesidad de dar un golpe de efecto capaz de cambiar el curso de la campaña. El espacio que le separa del presidente Barack Obama se ha ido ensanchando en las últimas semanas, especialmente en los estados indecisos. No le queda apenas margen para el error. A poco más de un mes para las elecciones, sus oportunidades para recuperar la iniciativa se están agotando.
El cara a cara de esta noche (3 de la madrugada en España) en la Universidad de Denver (Colorado) es el primero de los tres debates presidenciales que marcarán la recta final de la campaña y que se completarán con el debate de vicepresidentes del próximo 11 de octubre. Noventa minutos de cruce dialéctico dedicados exclusivamente a la política nacional. La economía acaparará la mitad del tiempo, quedando los tres segmentos restantes de 15 minutos para discutir la sanidad, el papel del Estado y el oficio de gobernar.
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